12.02.2010

Cancionero

Así como Pedro, encuentro historias no contadas detrás de las letras de otros, no en los Libros, como él, sino en la canciones, esa notas que llegan hasta mis oídos me cuentan historias que no son las mismas de las canciones, aunque no están del todo desconectadas. Son esos personajes que se asoman por las rendijas de las notas, de los acordes, esos que se escaparon a la historia principal; no es Daniela quien acude a mi, son las personas que a Daniela han sufrido, que se han perdido en una de sus tantas puertas, son las personas que esperan en una de las sietes puertas de esa casa en el mar, es el hermano que escucha como sufre de nostalgía su amigo, esos son los personajes que vienen a mis oídos pidiendo, melodicamente, que cuente sus historias, esas que no encontraron Pedro, Joaquín o Enrique.
No es mi historia personal de la que escribo, porque esa no la termino de comprender, mucho menos de aceptar, esa historia, mi historia, pedirá a otros que la cuenta cuando yo ya no esté aquí para reprimirla; no, no es mi vida, ni mi dolor, ni son mis deseos de saltar por la corniza, de dormir para siempre, no, esa historia se queda conmigo y me la cuento cada noche esperando que me convenza de lo contrario.

12.01.2010

Ensueño

Martina abre los ojos y mira por su ventana, el cielo pinta azulado, aún no hay sol. Se levanta de la cama despacio, como meditando cada movimiento. Siente el deseo de volar, una vez más. Sube, descalza, las escaleras de metal en forma de caracol que llevan a la azotea. Desde ahí puede ver toda la ciudad, grande, enorme, que se come el mundo, ve como empieza a despertar poco a poco. Hace frío, su piel se enchina y un helado sentimiendo entra por sus pies y le congela todo el cuerpo. Piensa en su madre, esa desconocida que la ama a pesar de la distancia que hay entre ellas, piensa en su hermanita que es como su hija, sólo porque a la pequeña se le ha antojado adoptarla como madre. Piensa en Melina, su gata blanca, que aún duerme sobre su cama. Es en ella en quien más piensa. ¿Quién se va a encargar de Melina cuando ella ya no este? No habrá nadie que la alimente como sólo ella sabe hacerlo, ni quien le cepille el cabello, seguro que cuando Martina ya no esté, Melina se dedicará a vagar por la ciudad, perdida, sin rumbo, justo como Martina se siente ahora. Simplemente nada tiene sentido. El frío la hace querer estar en un lugar cálido, lejos de ahí, pero al mismo tiempo la termina por desperta, le da claridad a sus sentidos; puede, por fin después de mucho tiempo, ver la belleza de lo que le rodea, tenía mucho que no se daba el tiempo de ver un amanecer, tenía mucho que no sentía ese frío matinal que tanto le gustaba, tenía mucho tiempo que no sentía nada. Esos pensamientos le hacen sentir cálido su cuerpo, su interior, sus adentros. Martina no tiene miedo, ha comprendido su desición, y ahora ya no se siente más culpable; sus pies, entumidos ya, apenas pueden dar los pasos que la separan del infinito, tal vez ellos se nieguen a despedirse del preciado suelo que tanto tiempo han pisado, pero Martina ha tomado una desición, lo acepten o no sus pies, sus brazos, sus ojos o cualquier parte de su cuerpo. Sube despacio a la corniza, mira por última vez la ciudad y sonrié, ama la ciudad, ama a su gata, ama a su hermanita-hija y sobre todo ama a su madre. Está lista, cierra los ojos, extiende los brazos y disfruta del fugaz vuelo.