1.20.2015

El mensaje (Parte 1)

Volvío a leer la hoja de su libreta negra, no sabía en qué momento ella la había tomado. La cerró de golpe y la arrojó sobre la silla que había a un lado de su cama. La maldecía en silencio. Cerró los ojos y se tumbo en la cama, en silencio. La luz del exterior comenzaba a desaparecer, las sombras habitaban aquellas cuatro paredes.
 El lugar tenía cierto aire desalineado; las paredes que en algún momento fueran azul celeste, ahora lucían avenjentadas, con cuarteaduras y manches que mostraban el uso diario de aquel espacio. Era una habitación pequeña, con pocos muebles: una cama personalizada a su tamaño, una silla, un librero hecho con pallets, y un closet pequeño empotrado en la pared. Un par de cuadros adornaban la pared al lado de su cama, un par de fotos en la pared del frente; una ventana pequeña frente a la puerta y muchos libros.
Su habitación era un reflejo de él, todo en orden, nada exagerado, nada demsiado llamativo, cualquiera que entrase en ese lugar, podía darse cuenta de que ese era su espacio, era parte de él.
Siguio tendido durante horas, la oscuridad le recibió cuando abrió los ojos, intento entornar la vista pero fue imposible traspasar aquel velo que le impedía ver. Sintió un presecencia en la habitación, algo se movía más allá del librero, justo a un lado de la ventana. Intento ponerse de pie y alcanzar el apagador, pero sus piernas no respondieron, su cuerpo no le pertenecía y aquello se acercaba.
No tenía miedo, la presencia no le era desconocida, pero era imposible que estuviera allí dadas las circunstancias. Intentó con más fuerza penetrar las sombras pero sólo consiguió lastimar sus ojos que se cerraron automaticamente, y al hacerlo fue como si un descarga eléctrica le recorriera la espalda. Un aroma bastante familiar innundo la habitación. Esta vez no intentó abrir los ojos, simplemento se quedó ahí, esperando. Una punzada en el pecho le hizo pensar con claridad. Aquello no podía estar pasando. La única explicación era demasiado dolorosa y se negó a aceptarlo. Debía haber una razón lógica para aquello; tal vez se había quedado dormido y aquello era un sueño.