9.13.2014

Lo que no fue

Hoy ha hecho un día hermoso para mi: nublado, un poco lluvioso y algo frío. Son las siete de la tarde y estoy acostada escuchando música y extrañando, anhelando. Hoy quisiera que estuvieras aquí, sin nada detrás o nada por esperar, nada de por medio, ni expectativas o deseos más que el simple hecho de tu presencia. Me gustaría sentir el calor de tu abrazo, escuchar tu corazón en mi oído, sentir tu respiración, cerrar los ojos y llenarme con tu aroma. Estar simplemente los dos aquí, contemplando la tarde y escuchando música, dejando pasar el tiempo, sin pensar en nada más que el momento. Sin la preocupación del mañana. Sin ser consciente del tiempo ni de mi situación. Olvidar por un momento mis miedos. No sentir que la vida se me termina y que no puedo hacer nada para retenerla. Sólo quisiera existir en ese instante y perpetuarlo. No me malinterpretes, no hablo de amor, ni de esperanzas por lo que no fue, es sólo añoranza y un poco de fantasía para escapar de mi realidad que me rebasa. Es inevitable a veces bajar la guardia. Es además que este día ha sido perfecto para sólo ser y fue tan "aliviador" y reconfortante ser contigo que se me antoja de nuevo. Ya no hay rastro físico de tu presencia y se siente un poco vacío el lugar. La última nota de tu aroma hace mucho que se esfumó, sólo me quedan las imágenes en el cuerpo y en la mente. No te enojes ni frunzas el ceño al leer estas líneas, siéntete bien contigo mismo por hacer feliz a esta loca antes de morir (así mi muerte sea o no "prematura", esos días los guardaré y recurriré a ellos hasta el último de mi existencia). Soy tu amiga, eres mi amigo y no hay nada más fuerte que nos una jamás. No me estoy despidiendo. Sólo recuerdo y se me antoja de nuevo tu persona, tu proximidad, tu. No como algo carnal, más bien fraternal. La paz y seguridad que brindas. Hoy ha sido casi perfecto, es sólo que faltas tu.

9.11.2014

Andante in E major

-->
Intentó abrir los ojos, pero algo se lo impedía. No tenía idea del tiempo que había pasado, ni noción de dónde estaba. La cabeza amenazaba con estallar y una presión en los oídos le ensordecía. Pronto descubrió su precaria situación. Yacía colgando de cabeza, con la manos sujetas a la espalda y una venda en los ojos. Sentía que el mundo daba vueltas, su estómago amenazaba con esparcir su contenido.
El tiempo parecía eterno. El frío le hacía temblar. Lloraba sin quererlo, su cuerpo adquiría independencia y ejercía presión sobre su mente. El lugar olía a sangre y descomposición y podía escuchar agua goteando sobre una superficie de metal.
Después de horas, escuchó unos pasos que se aproximaban, y algo que parecía metal rozando con metal.
Los pasos se detuvieron cerca y unos violines sonaron a todo volumen, rápidos, violentos, como si quien tocara estuviera poseído. El sonido aumentaba en intensidad, en violencia, en pasión.
Intentó liberarse de sus ataduras, intentó gritar, pero al abrir la boca, todo el contenido de su estómago se esparció por su rostro y su cabello, inundado su nariz con el olor nauseabundo de sus jugos gástricos que le hicieron vomitar de nuevo.
Una carcajada invadió el espacio al mismo tiempo que el sonido de un golpe le aturdió, como si hubieran dejado caer una maleta llena de herramientas sobre una mesa de metal.
Los pasos se aproximaron, la música no dejaba de sonar: esos violines que parecían lamentarse y burlarse al mismo tiempo.
Una sensación extraña le invadió.
El frío del metal erizo su piel, mientras aquello le recorría el cuerpo.
Temblaba y ésta vez era de pánico. Se sacudía, pero era inútil. Seguía de cabeza en aquel extraño lugar.
De pronto se hizo el silencio y fue cuando sintió como poco a poco se desgarraba su piel y un hilillo de sangre corría por su estómago.
Intento gritar, pero su voz no respondía. Sólo podía sentir dolor. Aquello que abría su piel como si fuera papel seguía abriéndose paso por su vientre. Cada vez se extendía más y más aquel corte. Comenzaba en el ombligo y seguía por su estomagó, por su pecho, hasta llegar a su cuello.
La sangre fluía y le mojaba le venda que le cubría los ojos, se introducía en su nariz, en sus parpados, en su boca.
Unas manos se introdujeron en la abertura que recién se había hecho y comenzaron a hurgar dentro. Podía sentir como halaban sus adentros, como sus intestinos eran arrancados. Aquellas manos hacían su trabajo mecánicamente, como si lo hubieran hecho miles de veces.
Cuando hubieron terminado de vaciar su estómago, las manos introdujeron algo en su pecho, algo frío, como pinzas, que se incrustaron en sus costillas. Mientras los violines de nuevo marcaban el paso, aquellas pinzas comenzaron a abrir su caja torácica, a romper de a poco sus costillas. El dolor era lo único capaz de sentir.
Las manos se introdujeron en el pecho, movieron los pulmones, lo que le hizo perder el aliento y toser, pero sólo escupió más sangre.
Su cuerpo se resistía, pero podía sentir como le abandonaba la vida. Sentía la debilidad en todo su ser. Sus pies y manos comenzaban a entumecerse por la falta de flujo sanguíneo, y la cabeza estaba apunto de estallar.
Mientras su cuerpo se sacudía, la venda, pesada por la sangre que había absorbido, calló al piso. En su último suspiro pudo darse cuenta de que se encontraba en un matadero, colgando igual que los cerdos que estaban a su lado y una mano que sostenía una manzana roja que aún latía. Su última imagen fue la sonrisa de quien sostenía sus corazón frente a sus ojos. Después, todo fue obscuridad.

9.09.2014

Llanto

Quisiera desbordar todo el dolor en mares de llanto.
que ésta opresión que no me deja respirar, despareciera con el aliento.

Ruego al Dios de los corazones rotos porque se lleve el mío con cada latido.
Pero me dueles tanto y eres tan mío
que ni eso puedo.

Habitarás por siempre en mi interior
y ese será el castigo de ambos.

9.08.2014

Súplica

Sintiendo que el tiempo no ha pasado...
Quemando las pestañas y los sueños,
los deseos y el llanto
en activa batalla por aflorar.
¡No más por favor! 

La silla vacía

 
Y aquí estoy de nuevo, lamentándome, tratando de entender, buscando por borrarte de mi pasado, de mi futuro, de mi.

Las ideas me golpean con tanta fuerza que no sé, no entiendo lo que mi cabeza quiere decir y sólo siento el profundo vacío de mi pecho, de mi estómago, de mi cama.

La misma pregunta que gira y gira sin darme paz: ¿Por qué?

¿Acaso no fuiste feliz en mis brazos?, ¿acaso no saboreaste las mieles de mi cuerpo desnudo al tiempo que reías y gritabas que no te querías marchar nunca?

¿No fue, sino en el calor de mi boca, que tu sexo caliente conoció el éxtasis una y otra vez?

¿No fueron mis pechos, las montañas a que acudías cada mañana y contemplabas el amanecer?

¿No te aferraste a mi cintura mientras llorabas y suplicabas porque no sucumbiera ante la traición de mi propio cuerpo?

¿No decían tus ojos, tus labios, tus manos y tu apresurados besos, lo que tu voz no se atrevía a pronunciar?

No entiendo como lo que fue y nos hizo felices pueda ser un error.

¿No son acaso tus miedos los que mantiene en pena a nuestros corazones?

¿Es que mi memoria me engaña?, ¿Es que fuiste sólo un sueño?

Porque hubiera jurado, al tenerte en mis brazos que eras real.

Y ahora sólo escupo palabras vicerales a una silla vacía que no responde.

Tenías razón… ahora puedo morir en paz.

9.01.2014

III

Sólo importan...

 
...mis muertes chiquitas...




...contigo.

II

Sus ojos juraban eternidad,
sus labios guardaban promesas,
sus manos soñaban despiertas,
su memoría lloraba ayeres.

I

Ella soñaba con soñarlo,
él huía de su memoria.
Ambos deseaban,
ambos lloraban
y el silencio quemaba
las pestañas y el tiempo.
Ella amaba, él temía.
Ambos morían.