12.18.2011

Llanto de Perlas

Y si te dijera, con palabras de azul marino, que la noche es muy larga para dejar de pensarte un segundo, muy oscura para perderme en tu imagen por un pestañeo, muy fría para no abrazarme de los latidos de tu pena; pero no creas que te lo digo, tan sólo pregunto, ¿qué pasaría si te lo dijera?, ¿darías acaso un grito ahogado, un suspiro guardado o un llanto de perlas? ¿Y si te lo dijera?

    Me quedaría mudo ante esos azules, me diluiría en esa oscuridad inmensa de la noche de pena como viento que soy, como hoja sin rumbo que nunca está por mucho tiempo en el suelo... imaginario, siempre imaginario es mi caminar por la vida de los demás, no estoy, no existo, soy producto de tu vaporosa imaginación.

 Una imagen basta, tan sólo una imagen, para encender las sombras del tiempo, no importa el engaño, no importa el recuerdo, tan sólo una imagen impresa en mi piel de aquellos que miran, tus ojos oscuros, serenos y tristes, tan sólo una imagen: verdad o mentira, presencia o ausencia, tu vida y la mía.

Dios

Dime ¿Por qué Dios, por qué no existes?
¿A quién he de culpar de mis errores?
¿A quién maldeciré por mi destino ya escrito?
dime ¿A quién pediré que apacigüe mi sufrir?
En noches como ésta, Dios, quisiera soñar contigo,
poder hablarte al oído y llorarte mis penas,
poder reclamarte que me hayas creado,
pensar que me vienes debiendo alegrías.
Pensar, mi querido Jesús,
que todo es mentira,
que bastara tan sólo orar
para que vengas a mi.
Mi Dios pansexual,
¿Por qué he de pagar por tu diversión?
¿A qué juegas con los pobres mortales?
¿Te divierte tu juego macabro?
Niño sádico, puberto bipolar,
no eres más que el amigo imaginario de los adultos.
Respóndeme Dios, te exijo,
¿Por qué he de cre(a)rte si me has olvidado?

Mientras tanto.

El amor de las sombras resuena dentro del vacío.
¿Amor, por qué me has olvidado?
¿Por qué tu calor se extinguió dejándome helado el pensamiento?
El lado oscuro del miedo se hace presente.
La esperanza de la muerte resplandece.
Está noche estas lejos
y por dentro el hielo arde y quema.
¿Amor, por qué después de tres veces has negado mi nombre?
El sol sólo existe en el imaginario del mundo,
no hay luz que guíe tu existir
y en el camino de la muerte te has perdido.
¿Amor, por qué te has postrado en el altar?
Si nadie cree ya en absolutos, si la fe es policroma.
Y en el espejo no hay imagen que nos muestre
que este mundo se perdió,
el sonido y el silencio no hacen nada,
y ahora todo está en calma,
en una paz mortuoria que inunda el momento
y embriaga los sentidos,
mientras las luces mortecinas
tintinean y se apagan, mientras gritan
las inocencias de la vida.
¿Amor, por qué me dejas sola en el final?
Mientras el suelo se abre,
y me traga la agonía,
mientras todos callamos
y aceptamos el destino
que no hemos comprendido.
Mientras los nuevos ciudadanos,
complejos de acero, humo y ladrillo,
toman su lugar en la superficie
donde no queda que gobernar.
Hemos llegado al centro de la tierra,
hemos drenado los desiertos
y los mares han llorado por la vida que perdieron,
ya no hay destino, ni ojo divino,
no queda más que el oro y la plata.
¿Por qué, amor mío, no podemos vivir en paz?

8.23.2011

Día veintidos: Martina

"Martina, así como una noche fresca de verano, así vino y se fue, dejándome un hueco más grande, un dolor más profundo y un poco más muerta...

Violetas sobre mi tumba."

Día veintiuno: Untitled

Me vestí de estrellas para alejar la soledad de tu cielo,
me pinté de noche para darle cabida a tu pena,
me perfumé con aires invernales para secar tus lagrimas.

Esperé de ti fuerza y valor,
pasión y calor,
compañia y compasión,
ilusión y esperanza.

Pero eres ciego a mi,
tu pena es demasiado grande,
demasiadas incognitas habitan ya
dentro de ti.

No serás tu
quien de paz a mi tormenta,
no vendrás a decir adiós
al astro rey y la madre luna
desde mi ventana,
no son tu brazos mi refugio,
no soy para ti,
no eres para mi.
__________________

Día veinte: Grita

Me quema, todo esto me quema muy dentro, no me importa si entiendes, yo misma no entiendo, comienza en la boca del estómago y sube hasta mi pecho y arde, no me importa si suena bien, se abre paso en mi garganta y grita, no me importa si esto es bueno, pero el grito se ahoga de nuevo y sigue subiendo hasta llegar a mis ojos dónde, de nuevo, no encuentra salida, no me importa que me juzgues, y llega hasta mi cerebro dónde me paraliza, dónde el grito aturde mi cerebro.
No, nada me importa, tu que lees y no me conoces y no sabes del hueco que me devora, que hace hilachos mis entrañas, simplemente no me interesa si crees que soy buena o mala, sólo sé que estoy harta de amarlo sin que lo sepa, de que, sea quien sea, siempre es el mismo.
Duele, todo duele y la soledad pesa esta noche, ya no puedo.

Día diecinueve: Sofia

Esa que por el mundo va, juzgando a dispares y señalando a bicolores,
esa que se piensa sana, pulcra y correcta, que tiene miedo, que no piensa
más allá de lo que se le pide, que sueña aún con margaritas y princesas,
es que piensa que cast y pura porque cierra los ojos ante las desgracias ajenas,
esa mujer que aún se cree niña, sabe que por dentro el fuego le quema,
que sueña con hombre, mujer y quimera, que está en espera de tan sólo una chispa, para acabar de incendio la vida, es ella, te digo, la que ahora me niega el deseo, la que piensa que no veo detrás de sus reproches y juicios,
no se da cuenta que a nadie engaña más que a ella, pues es por todos bien sabido,
que ella desea todo lo que le es prohibido.

Día dieciocho: Sueño

Cada mañana abro los ojos y apago mi mente,

el tiempo se detiene tan solo unos segundos y todo está en paz,

pero el momento termina y de golpe mi corazón late de nuevo.

Cada día peleo con el deseo de la contemplación,

el no a la participación retumba en mi hueca cabeza.



Cada madrugada, prendo la radio, escucho un buen Jazz,

me tiro en la cama e intento dormir,

pasan las horas y siento el calor invadiendo mis sentidos,

despierto molesta y prendo el ventilador,

me quedo mirando durante horas su hipnotizante movimiento,

me pierdo en el girar de las aspas, el Jazz pierde sentido

y de pronto son solo notas al azar, sin ritmo ni armonía,

me pregunto si será mi imaginación

o en verdad la música se descompone

en ruiditos casi imperceptibles y ajenos.



Estoy cansada, sólo quiero dormir,

apagar el cerebro para siempre y ser feliz.

8.15.2011

Día diecisiete: Miel a cucharadas

Porque duele, pero antes da las mieles,
porque la soledad termina por cansar,
porque es inevitable,
porque de dos en dos las cosas pesan menos,
porque la ilusión ilumina el corazón,
porque es mejor morir por alguien,
porque es estúpido,
porque no cuesta,
porque cuesta más que muchas cosas,
porque duele,
porque llena de sentido,
porque es estúpido,
porque se me antoja,
porque se te antoja,
porque está noche siento floto en el aire
y nada más me importa,
porque sí,
está noche te quiero amar.

Día dieciséis: Posesión

Los caminos de la tierra están sellados,
grandes bestias resguardan las entradas y salidas de está gran urbe,
los penantes deambulan por las calles en silencio,
las sombras fúnebres acechan en cada esquina,
ya no queda rayo de luz que de esperanza a los neonatos,
El júbilo y regocijo no es más que un recuerdo lejano,
Ojos onmipresentes vigilan las escuelas,
cada ciudadno es un enfermo terminal de la desesperanza,
El miedo es la pedagogía institucional de está nueva Sion,
torres de Babel escurecen los cielos,
hemos conseguido lo que siempre deseamos,
progreso, tecnología, ciencia, maquinas,
el cuerpo, lo humano, el sentir ha quedado atrás,
somos presas del futuro que construimos en el pasado.

Día quince: Nada

Hoy me ha ganado el cansancio,
el cerebro me pesa,
el cuerpo me duele.
Hoy no hay coherencia en mis letras,
no entiendo lo que digo,
no sé lo que siento,
no hay rima ni verso.
Hoy no es domingo y aún así,
hoy no me doy cuerda.

8.11.2011

Día catorce: La danza del búho

El olor a tierra húmeda invadía mis sentidos, podía sentir como el sudor recorría mi nuca, me dolían los ojos por la presión de la pañoleta y el ruido de mi respiración era tan fuerte que lastimaba mis oídos. Sus pasos eran lentos pero decididos, recorríamos la noche sin penuria a pesar de lo escarpado del terreno, él no parecía resentir ni el frío de la noche, ni el peso de mi cuerpo sobre su espalda. Aún sigo preguntándome cómo me encontró, después de huir de él toda mi vida, aún no sé como supo hallarme, si ni siquiera yo tenía la certeza de saber en donde estaba. Llegamos a un llano, o al menos eso me pareció, pues ya no escuché el crujir de sus botas en la hierba, se detuvo y me dejó caer sin remordimiento, mi cuerpo golpeó el suelo seco y la tierra invadió mis pulmones, me costaba trabajo respirar, de un patada me pudo sobre mi espalda, mis manos atadas me lastimaban la columna, yo ni siquiera podía llorar, no alcanzaba a comprender cómo es que había llegado ahí, cuando tan sólo unas horas antes todo parecía por fin estar bien. Su mano helada y áspera en mi muslo me sacó de mis cavilaciones, comencé a llorar. a suplicar, a rogar sin saber bien por qué, aún no sé bien que es lo que pedía: que me dejara libre, que perdonara la vida o que de una vez terminara con todo, aún no lo sé. Me quitó la pañoleta y me miró con extrañeza, como si en verdad no supiera que se iba a encontrar. sus ojos negros me miraron fijamente, la luna detrás de él lucia hermosa, plena, único testigo, último recuerdo.
Me tomó por el cuello y me comenzó a sacudir, más que con odio o coraje, fue con curiosidad, como si quisiera saber cuanto podía resistir, era como un niño con una muñeca en sus manos, me acomodaba el cabello para después volverme a sacudir con violencia, después de un rato se cansó, me tiro al piso y se perdió entre los árboles, en ese momento ya no sabía de mi, simplemente ya no entendía nada, lloraba por impulso, ya no entendía qué hacía o dónde estaba. Después de un tiempo que se me antojó imposible regreso, parecía furioso, encendió una fogata a un lado mío que me quemaba el pecho por su proximidad.
Se sentó frente a mi y pude ver como se perdía poco a poco en sus pensamientos, su mirada perdida, sus ojos fijos en la fogata y en mi detrás de ella. De pronto reaccionó como si recordara súbitamente donde estaba y que tenía que hacer, sacó de la maleta que traía consigo un picahielo, perturbantemente limpio que brillaba con la luz de la fogata. Con determinación se acercó hasta mi, me tomo por el cuello y comenzó a pasarme la filosa punta por el cuerpo, tan suavemente que parecía más una caricia que otra cosa, mientras tarareaba una canción lenta y triste, tan despacio, tan quedo que casi parecía un lamento, un quejido, un llanto ahogado. Cerró los ojos para entonar la última parte, para deleitarse en el recuerdo y el dolor, y fue entonces cuando tuve pavor, cuando comprendí todo, cuando pude reconocer la tonada, una canción de cuna que yo conocía muy bien, la última estrofa trajo consigo una avalancha de imágenes que se agolpaban en mi cabeza, todas y cada una le dio sentido a la escena, tuve miedo porque sabía que iba a pasar, sabía que lo merecía y casi suplicaba por que lo hiciera. La primera estocada fue en mi muslo, lo hizo rápido, casi no sentí cuando el picahielo se abrió paso entre mi piel, mi carne, fue hasta que llegó al hueso y lo rompió con un fuerte sonido que aullé de dolor, sacó el picahielo y la siguiente estocada fue en el abdomen pero esta vez se tomó su tiempo, lo hundió tan lentamente que pude escuchar mi piel rasgándose, está vez no grité, sólo pude apretar los dientes y los ojos, me permití sentir cada punzante sensación de dolor, me permití disfrutarlo, me permití lavar mis pecados en ello, por fin aquello que tantos años atrás había querido olvidar y que me había llevado a olvidarme casi de todo, incluso de mi, por fin aquello iba a ser expiado de mi alma, al fin iba a descansar y a merecerlo el paraíso. Iba a morir en manos de mi justiciero y estaba bien, era lo justo, lo tenía merecido por lo que le había hecho tanto años atrás, eso pensaba y estaba feliz, cuando el pareció arrepentirse, sacó el picahielo como si de pronto tomara consciencia de lo que estaba haciendo, me miró con odio, con rabia, me tiro al piso y sentó encima de mi, extendió el picahielo hacía el fuego hasta que este se tornó rojo, lo miró con anticipado placer y sonrío, yo simplemente no entendía que estaba pasando, comencé a llorar y a suplicar de nuevo, está vez pedía la muerte, pero él tenía otros planes; acercó hasta mi rostro el picahielo, aún encendido, y poco a poco lo hundió en mi ojo derecho, el dolor fue inenarrable, un aullido largo y gutural nació en mi garganta y rompió la paz de aquel lugar, él comenzó a carcajearse. su risa igualaba en intensidad y demencia a mis gritos; sacó su herramienta de mis rostro, sólo para sumirlo de nuevo, está vez en mi otro ojo, y nuevamente ese dolor que me quemaba hasta las entrañas se apoderó de mi, ya no podía gritar, no me podía mover, me tenía cual presa a su merced, sus carcajadas no cesaban, por el contrario, crecían mientras mis llantos se apagaban, estaba exhausta, moribunda, poco a poco fui cayendo en la inconsciencia, hasta que la oscuridad total me absorbió.
No sé cuanto tiempo pasó, cuando volví en mi la negrura era todo lo que me rodeaba, al darme cuenta de ello, caí presa de la desesperación, corrí sin saber a dónde, caí de bruces al toparme con una pared de madera, comencé a llorar a gritar, me senté en el piso y fue cuando me di cuenta de que estaba desnuda y un grillete adornaba mi cuello, estaba encadenada de un poste en medio de la habitación. Perdí la noción del tiempo, sólo las pisadas que conocía bien pudieron sacarme de mi estupor. Se detuvo frente a mi y soltó la sentencia definitiva:

-Te perdono, ella ya no está gracias a ti, sé que no querías arrebatármela, pero la cosa es que no puedes quedarte así sin más, tienes que aprender una lección, y por eso te quedarás aquí. Jamás la podrás reemplazar, pero por eso tendrás que esforzarte mucho para poder complacerme y ser una buen hija, sé que tendré que enseñarte. Ahora ven, abre bien la boca y más te vale que no me muerdas.-

Gateé hasta él e hice lo que me pidió, cuando su miembro flácido entró en mi garganta tuve que aguantar las arcadas y comencé a llorar, me arrepentí de aquella noche, en que desquité mi frustración en una niña indefensa, me arrepentí de haberme enamorado de mi jefe, me arrepentí de haber intentado seducirlo, de haberme atrevido a confesarle mi atracción y que me hubiera rechazado, me arrepentí de haberme desquitado con su hija, si hubiera sabido que esa noche iba a marcar mi vida, jamás hubiera ido a esa casa, jamás la hubiera aventado contra la cama, a una niña de tan sólo cinco años, le arrebaté la vida.
No sé cuánto tiempo ha pasado desde que estoy aquí, mi cordura hace mucho tiempo que se fue, junto con mi dignidad, y ahora entiendo que no hay planes divinos, no hay Dios que guíe mis pasos, ahora entiendo que estoy sola y que la vida no es más que un albur. Hasta ahora entiendo que para salvar a una niña de un cruel destino, tuve que matarla y tomar su lugar.

8.10.2011

Día trece: Sentencia

Está noche te soñe, me perdí en la inconcienca y pude verte, sí, a ti, que lees, a ti que no te conozco, pude soñarte, supe que eras tu porque me veías con cara de bicho raro, me veías con extrañeza, escuchabas mis palabras pero pude ver en tus ojos que no entendías nada, que no me creías, y sé que sigues sin creerme, sé que me tomarás por fantoche, por mentirosa, que simplemente me ignorarás, lo que no sabes es que con cada letra, con cada palabra me he metido en ti, he entrado por una hendirura diminuta, entre tus ojos y las orejas, por ahí, una grieta minúscula y ahora me he alojado en tu cerebro, puedo sentir tu negación pero es imposible, ahora me escondo en los espejos de tu mente, en tus recuerdos y en tus vergüenzas, ahora de cuando en cuando dirás una frase que no sea tuya y será mía, será mi manera de poseerte, de hacerte una parte de mi, ahora de cuando en cuando te sentirás un poco triste sin saber porque, será mi dolor el que pesará en ti, será mi pena que te deborará poco a poco, ahora de cuando en cuando, sentirás un poco de incomodidad, seré yo haciéndome espacio dentro tuyo, lo sabes, muy en el fondo lo sabes, porque lo sé yo y yo estoy dentro de ti, de ahora en adelante de cierta forma me perteneces y te pertenezco, de ahora en adelante, de cuando en cuando pensarás en mi, sin conocerme, sin saber quien soy, una nostalgia extraña te invadirá y pensaras en la personita que cargas dentro, así mientras todos tengan su propio niño interno, tu cargarás con una ancianita de ochenta años que se negó a morir.

8.09.2011

Cien días, cien escritos. Día doce: Cansancio

La arena de los tiempos se cuela por mis párpados y simplemente me enceguece,
todo el peso del mundo ha caído sobre mi espalda, no puedo ni ver mi reflejo en la ventana, mis pies han recorrido el tiempo y el espacio que separan la luna y el pasado tantas veces, que ahora sangran, mi cabeza piensa una y mil veces en la solución a todo, en la pregunta perfecta, en la respuesta soñada, piensa tanto y por tanto tiempo que ahora está en blanco. Estoy cansanda.

Cien días, cien escritos. Día once: De nuevo

Y vuelvo a ser yo, la marea color rojor regresa a golpear con fuerza la orilla de tan apasible existencia. Las lagrimas han dejado de correr, simplemente, hoy vuelvo a ser yo. Vuelvo a pensar en ti, en tus besos sabor a distancia, a deseo, a tierras lejanas.
Y vuelvo a ser yo, con los mismo errores, las mismas carencias, las mismas demencias, el mismo pesar y el mismo gran hueco en medio del cuerpo que debora todo a su paso.
He vuelvo a ser yo y no sé si eso sea bueno o malo, sólo sé que vuelve a ser pesado y al mismo tiempo me alegro de que así sea pues me extrañaba y extrañaba sobre todo lo que siento por ti.
He vuelto a ser yo, al menos por hoy, por ahora, no sé cuanto me dure el momento, pero ahora lo disfruto, reconociendo mi olor, mi sabor, mi sudor, mis carnes morenas y regordetas.
He vuelto a ser yo y ahora deseo que dejes de ser tu y seas quien quiero para que seas conmigo.

Cien días, cien escritos. Día diez: Mi más entusiasta

Sueños y soles perdidos,
horizontes escondidos en la palma de una mano,
ojos que sólo miran a sus adentros,
tactos que se congelaron en el tiempo,
Nubes y montañas diminutas,
Nínfulas que cantan canciones de cuna a Dios,
pávulos haciendo rondas a la muerte,
tu dedo en mi espalda,
mi sexo en el tuyo,
un suspiro,
una caricia,
el amor,
la muerte,
tu,
yo...
Nada importa en este mundo,
al final todo se va a la mierda.

Cien días, cien escritos. Día nueve: Red Social (recopilación)

Por eso mejor olvido,
por eso mejor me muero,
por eso mejor adiós.

...

A pesar de no ser nunca el definitivo,
el primer amor perdura para toda la vida.

...

El beso de las buenas noches
es tan agridulce como el sabor
que dejan tus labios en cada adiós.

...

Mi imaginación despierta con la luna,
mi vida se acuesta con el sol,
lastima que entre todo esto
me quedo a medio camino.

...

Esta noche quiero cambiar al color al cielo
y pensar que te has ido y no lo he sentido.

...

Te cocinaré a fuego lento entre mis piernas,
para devorarte aún más lento.

...

Tantos kilómetros me quedan por recorrer
pero estos pies están cansados ya
y en la carrera por tu amor me doy por vencida.
¡Todo se complicó!

...

Que tu vida y la mía
se crucen más de un segundo
es parte de las cosas que no pasarán

...

Mi enfermedad tiene tu nombre.

8.05.2011

Día ocho: Cantando una nana al niño que ha muerto

Descansa mi nene, descansa,
tu ojos no vuelvas a abrir,
tu llanto no suene jamás
tu cuerpo no vuelva a sufrir.
Duerme bebito querido,
te canto, amor una nana,
que llevas a tu última cuna,
que te de paz y amor para siempre.
Sueña mi vida, ya sueña,
conmigo, tu madre infeliz,
que llora en silencio tu muerte,
que no dejará de quererte,
que no ha de dejarte partir.

8.04.2011

Día siete: Sudor

El agua tibia que moja mi cuerpo
    el espejo que desdibuja mi rostro
                    el olor de tu piel desnuda
                               al ambiente que asfixia
                                   mi cabeza que da vueltas
                                    en un habitación tan pequeña
                                la luz amarillenta y caliente
              que se cuela por la ventana miniatura
           la gota que se escapa por el grifo
el vapor que exudamos en la bañera
la porcelana del vidé
       el estupor que dejó el blanco talco que inhalamos
                      la sangre que recorre lentamente mis adentros
                                                       la visión borrosa de nosotros
                                         humedos, perdidos, agonizantes, patéticos
                             el calor que viene de fuera
                   el calor con el que contaminos este espacio
                      mi monte venusino que asoma entre la espuma
                                             tu mano que reposa en tu entrepierna
                                                                           el mundo que nos ignora
                                                                                    la gente que nos olvida
                                                                    el adiós que no diremos,
                                                  el amor que no tendremos
                 los hijos que perdimos en el tiempo
        nosotros extraviados...


Nada importa ya.
Se acabó.

8.03.2011

Día seis: Juventud

Vacíos los días que nos deparan,
las olas de la hapatía termirán por borrar
cualquier huella de lo que ahora somos.
La estúpidez es la única respuesta
a cualquier pregunta en estos días,
sonidos vacíos
entran en las mentes volatiles y volubles de nuestro hoy.
Incoherencias y sin sentidos
poblan los pasillos de los templos del saber.
La nada, la nada tiene más futuro que nuestra vida.
Eso es lo que tenemos, eso es lo que nos espera.
Mierda y más mierda.

8.02.2011

Día cinco: Silencio

Silencio,
ya todo está en calma,
el aire está denso,
los cirios se extinguen,
los velos cubren rostros,
los llantos se ahogan,
la tierra que cae,
el cielo que ennegrece,
el silencio que ensordece.

Silencio,
ya no queda más que este espacio,
el suave satín como el vientre materno,
será el lugar de descanso.

Silencio y ausencia.
Silencio y dolor.
Silencio y amor.
Sólo silencio.
Ya todo acabó

8.01.2011

Día cuatro: Despedida

Este escrito está dedicado a la memoria de mi querido tío Vicente, a mi madre y todos aquellos seres queridos que se han ido.

Hoy no hay tiempo para el amor o el sexo, este día es día de muertos, adioses y olvidos, hoy me despido de ti, después de pocos o muchos años, ya no sé; hoy tu muerte me trae recuerdos y miedos, penas y soledades pasadas y futuras. Hace días esperaba este momento, jamás pensé que me afectaría como lo hace, jamás pensé que pensaría lo que pienso. Es ella, la que más me preocupa, es su muerte prematura la que me afecta, no quiero que se vaya, no quiero que su sangre se seque, no quiero olvidarle, no quiero sufrirla. Meses atrás fue la misma sangre que corrió por tus venas y que corre en las de ella, la que se fue, la que regresó a la tierra, la misma sangre que ahora te lleva. Te lo ruego, te lo suplico como jamás he suplicado antes, no te la lleves, no aún, no ahora, has como años atras hicieron su padre, su madre y su única hermana: olvidala con la muerte.
Madre: no sucumbas al llamado de los que han muerto, nos busques aún el sepulcro, quédate conmigo un poco más y más que eso; sé que soy egoista y no es tu dolor en el que pienso, sino en el mío si te vas, pero te juro que si te quedas, seré el bálsamo que alivie tu penar, sólo dame tiempo, dame la oportunidad de ser la hija que mereces y darte lo que te he prometido. Dame tiempo madre. Dame tiempo Dios, si es que existe, dame tiempo muerte. Dame tiempo, tiempo.

Q.E.P.D. V.R.S.

Día tres: Casquibana

No soy esa clase de mujer,
jamás me enseñaron a pedir perdón
mucho menos a pedir permiso.
No me visto de blanco,
no me río en silencio
ni me quedo callada.
Lucho por las causas pérdidas,
sufro de amores baratos
y pasiones de arrabal.
Me gustan los tacos de punta,
las medias de red
y los vestidos rojos entallados.
Sí, soy una pécora orgullosa
una promíscua consumada
una horonable casquibana,
y no es por falta de hombre, familia o dinero,
no me violó mi padre,
ni me fuí siguiendo hasta la desdicha
a algún amor sincero.
Me gusta el sabor a sal
de una piel morena encendida,
los montes de venus
son mis favoritos a escalar.
Sí, soy lo que soy porque quiero serlo,
no por destino o desgracia.
Te prometo amor eterno esta noche,
mañana no seras más que un recuerdo.

Día dos: Humo de cigarro

Primero que nada una disculpa, pues me he olvidado de postear acá los temas, pues estos se estan posteando también en un foro, pero pasó los que no he pasado.

Era la media noche, cuando sonó una campana a lo lejos, cerré los ojos imaginando que eras tu, escuché tus pasos acercandose, pude oirte tatarear esa canción que tanto odié por años. Afuera llovía como nunca, las ventenas dibujaban ríos, y me adormecía con el ruido de las gotas muriendo contra ellas.
Era la media noche, cuando una sombra se acercó hasta mi, cerré los ojos y me imaginé que eras tu metiendote bajo las sabanas, pude sentir tu calidez, pude oler tu piel fresca, ese olor que me volvía loca cuando salías de la ducha, casi pude ver en la oscuridad de mis ojos, ese perfecta sonrisa que anunciaba una noche pasional, recordé el sentir de tu piel frotandose contra la mía, te quise besar de nuevo, y mis labios sintieron los tuyos.
Era la media noche, cuando unos brazos me rodearon la cintura, cerré los ojos y me convencí de que eran los tuyos, fuertes, cálidos, amantes; me perdí en ellos, en ti, en el momento, recordando la última vez que me amaste, la última vez que te poseí, pude sentir tu sangre corriendo por tus venas bajo tu piel humeda y tibia, sentí tu erección apuntando a mi entrepierna, tus labios recorriendo mis pechos.
Era la media noche, cuando sentí un orgasmo explotar en mi interior, tan fuerte, tan doloroso, tan pasional como el último que me hiciste sentir antes de marcharte, cerré los ojos y me permití disfrutarlo, me permití olvidar que no eran tus pasos, tu sombra ni tus brazos, pues todo tu yacías bajo la tierra, tanto tiempo ya que de tu sonrisa y de tu aroma no quedaba más que el recuerdo.
Era la media noche, cuando sentí que mi corazón se detenía, como si una mano fría lo sustuviera; abrí los ojos y me di cuenta que eras tu, a un lado mío, sonriendome, con los ojos llenos de amor y dolor, con esa mirada de reencuentro y perdón.
Era la media noche cuando...
desvanecidos...
nos encontramos...

7.29.2011

Día uno: Un grito desesperado.

Te he escuchado toda mi vida maldecir,
saber que vas a morir no debe ser fácil,
pero nunca terminas de morir, no entiendo.
He sabido desde niña que te irás,
pero siempre que regreso estas aquí,
aferrandote a la vida como si fuera maravillosa.
Cada noche al dormir he tenido miedo
de no ver tu flaco y demacrado rostro una vez más,
pero es tu voz aguardientosa maldiciendo
la que me despierta en las mañanas.
No comprendo, por Dios, que no lo entiendo,
según me dijo mi madre, estas pagando por tus errores de juventud,
excesos de vida, alcoho, mujeres y alguna que otra sustancia prohibida,
según me dijo la abuela, conociste muchos lugares,
tuviste mucho dinero,
viviste una gran vida.
No lo entiendo y no es justo,
te lo mereces,
el estar postrado en esa cama noche y día,
es tu castigo por vivir sin consecuencias aparentes,
No es justo, es mentira,
que lleves tantos años muriendote y no te mueres,
no comprendo, que alguien me explique,
porque tu sigues viviendo,
mientras tan derrepente está mañana...
yo he muerto.

100 días, 100 poemas

A ver si sale, en cien días, cien poemas.
¿Algunos de mis pocos seguidores quisiera intentarlo?

Un buen ejercio para el cerebro, la mente y el alma.

7.28.2011

Buenas noches.

Buenas noches mi botón-
Dijo ella, él no contestó,
en cambio cerró los ojos,
apretó los dientes
y espero a que ella durmiera
para darle un beso en la mejilla;
Buenas noches mi dedal-
pensó él y se marchó.
La luz entró por las ventana,
el sol iluminó sus ojos verdes
y su alma dió un vuelco
cuando se hayó sola en la cama;
Adiós mi hermoso tulipan-
lloró ella...
Si pudieras mirar conmigo el gran oceano, mi mandarina-
pensaba él mientras la brisa le helaba el corazón.
Y jamás la olvidó,
aún cuando sus ojos se apagaron,
aún cuando la muerte le pisó los pies en la carretera,
la pensó y la amo,
y por eso, una noche tibia la dejó.
El miedo lo paralizó,
no supo amarla, temió perderla,
y jamás comprendió que su amor murió con ella.

7.08.2011

El colegio




El colegio para señoritas “Perfect Live”, era muy reconocido por sus egresadas: esposas perfectas y madres abnegadas, gracias a su sistema de valores que era inculcado en las niñas desde su primer día en el colegio. La directora era la Señorita Alonly Decenth, famosa por ser estricta en la enseñanza.
El primer día en el colegio era crucial para las niñas, si agradaban a la señorita Decenth no tendrían problemas durante su estancia, pero si notaba siquiera un brillo de rebeldía no cesaba hasta extinguirlo.
El “plan de estudios” era rígido, por la mañana las niñas tenían que levantarse muy temprano para asistir a misa, después a las ocho en punto estar en el comedor para el desayuno, a las ocho treinta su clase de lectura, a las nueve treinta: la clase de piano; a las once: su clase de lenguas extranjeras; a las doce treinta: de nuevo al comedor para un almuerzo ligero; a la una de la tarde: ciencias naturales, a la una treinta: la guía del hogar, a las tres a la capilla para orar media hora, a las tres treinta al comedor para la comida, después media hora de siesta, para después seguir con su clase de belleza; clase matemáticas, a las cinco con treinta su clase de deportes, tenis o natación según el día, seis treinta la hora del te, a las siete lectura de los clásicos, a las ocho la merienda a las ocho treinta la hora común en la sala y a las nueve se apagaban las luces.
Durante años este sistema había sido extremadamente exitoso, pues las mujeres que salían del colegio eran buenas esposas, excelentes madres y sobre todo, sabían como seguir ordenes, como llevar un horario rígido y no tenían tiempo para pensar en sus necesidades.
Los problemas más comunes eran algunas pequeñas algo perezosas o un poco sentimentales, pero nada que no se pudiera resolver con algo de mano fuerte.
Una mañana de verano una pareja llegó al colegio con su hija, una niña de once años. La pareja era nueva en la ciudad y deseaban que su hija estuviera en el mejor colegio. Cuando la señorita habló con ellos fue bastante directa. No acostumbraba a aceptar alumnas de esa edad debido a que ya han sido contaminadas por influencias externas, por eso el colegio solo recibía niñas entre los cuatro y los seis años de edad y en algunos casos de ocho, pero la pequeña ya estaba por cumplir los doce años y sería muy difícil de que se adaptara. Los padres de la pequeña insistieron y como eran de buena familia, la señorita Decenth aceptó.
La pequeña se llamaba Desyre, delgada, aunque la pubertad comenzaba a hacer lo suyo, de piel morena clara, cabello rojizo y ojos grises, una hermosa ninfula.
Al principio Desyre tuvo problemas para adaptarse, pero en verdad el colegio no era muy diferente de otros en los que había estado.
Pasaron cuatro años y Desyre se había convertido en la alumna modelo, la señorita Decenth se encargaba personalmente de las clases de piano de Desyre  pues era excelente como su discípula.
Desyre por el contrario, hacía poco esfuerzo para agradar  a las personas, debido a su gran belleza nadie hacia caso de su plática o de sus talentos, varios jóvenes buscaban ya tenerla como esposa, gracias a esos vestidos elegantes que usaba en las fiestas del colegio de fin de año, el único día en que los hombres entraban al colegio.
Todo era perfecto, la señorita Decenth estaba más tranquila que nunca, el colegio iba bien y eso la hacia feliz, pues a pesar de ser hermosa no tenía esposo o hijos, y nunca le faltaron propuestas matrimoniales, simplemente las rechazaba ni siquiera ella sabía porque.
 Motivo del cumpleaños numero dieciséis de Desyre, se organizó una pequeña reunión en el colegio, como los padres de ella no estaban en la ciudad fueron sus padrinos de bautizo los invitados de honor. Los padrinos de Desyre eran importantes empresarios de la ciudad, una pareja algo pedante y falta de clase, pero muy divertidos.
Cuando llegaron al Colegio un joven estaba con ellos, era el sobrino de la madrina de Desyre que estaba estudiando en la ciudad y se quedaba con sus tíos.
Durante la noche el Joven miraba insistentemente a Desyre, y está como muchas ocasiones, sólo ignoraba al muchacho.
Después de un hora de guardar las apariencias y sonreir a gente que ni conocía, Desyre se sintió hastíada y decidió perderse en la gran mansión que servía de escuela, sin darse cuenta que una sombra la seguía a pocos pasos: el joven que iba con sus padrinos, quien le tapó la boca con una de sus manos y con la otra se dispuso a tocarla de pies a cabeza, estaba loco de la excitación. Desyre no sabia que hacer, no estaba asustada, ni excitada más bien tenía curiosidad de aquel muchacho y sus extrañas reacciones, mientras él estaba apunto de bajar el sierre de su pantalón una mano lo arrojó con fuerza hasta el otro lado de la habitación, era la señorita Decenth que se había percatado de la ausencia de los dos jóvenes; el chico al darse cuenta de la situación huyó del lugar gritando que había sido ella, gritando insultos y lloriqueando. La Srita. Decenth se sentía herida, su mejor alumna había hecho tal bajeza, estaba furiosa y no pudo más que soltarle una bofetada a la chiquilla con tal fuerza que la tiró al piso, quedando casi desnuda, pues el vestido que traía había resbalado al caer debido a que el muchacho se había encargado de desabotonarlo. Cuando Alonly tuvo frente así aquella celestial criatura, indefensa y lista para ser tomada sintió como sus sentidos eran estrujados todos al mismo tiempo, en ese momento se dio cuenta que lo que sentía por ella eran celos, celos de que estuviera con alguien más, ella era suya, sólo suya. Se sentó a un lado de ella en el piso y comenzó a acariciar con delicadeza a su pupila, primero las piernas, después el abdomen, sus hermosos pechos.
Desyre estaba bastante confundida, no sabía como reaccionar, y gracias a las caricias de Alonly comenzaba a sentir un hormigueo en la parte baja del estomago, algo que jamás había sentido. Alonly no sabia que hacía, por dentro sabía que no estaba bien pero no podía detenerse, no quería, lo deseaba y siempre lo había deseado.
Cuando sus labios se rozaron algo se rompió muy en el fondo de Alonly, algo que no podía ser reparado.
En ese momento tomo control de sí misma, levanto a la muchacha de un jalón y le ordenó que se marchara a su habitación, tenía que empacar de inmediato, su conducta era inadmisible.
Al otro día Desyre se fue del colegio para siempre, y la Señorita Decenth, lloró, lloró por perderla, lloró porque tenía miedo de volver a sentir lo que había sentido la noche anterior, pero más aún lloró por el miedo de no sentirlo jamás.

7.04.2011

Sangre

La sangre no tiene nombre, 
no tiene rostro, 
la sangre carga historias de amores rotos, 
de injusticias, de hambres, de penas, 
de olvidos y vacíos. 
La sangre no tiene edad, 
color o religión, 
la sangre no es de uno o una, 
la sangre es de todos la vida 
que se cuela por la alcantarilla.

Espera

Gotas que llegan al piso morir,
cuerdas que rompen la vida
al ser rozadas por tus llemas,
amores que vuelan con tu pensamiento,
olores que envuelven el mío.
Tierras lejanas que viven detrás de las montañas,
alas de nostalgía que quisiera poseer,
alma mía, refugio, abrazo, olvido.
Corazones rotos que se curan así mismo,
espejos que no mienten y que duelen, curvas y pérdidas.
Tiempo y silencio, la luz que se cuela por el tiempo que perdimos.
Amor mío, es tu cintura que me atrapa y me pierde.
¿Dónde están esos pasos que he seguido hasta aquí? Dolor mío.
Ideas que mueren, que surgen, se pierden, se funden con mi sexo.
Es el cielo el destino, son las nubes el camino, son tus ojos mi guía.
Amor, es la espera que me mata, es la necesidad lo que me mantiene con vida.
¡No!, no tengas ideas, deseos, destinos: sólo yo... sólo el mío.

7.01.2011

Sudor Satín

¡Deja ya!
Levanta la mirada, deja de pedir perdón, deja de suplicar.
¡Basta ya!
Acercate a mi espalda y olvidate del tiempo.
¡Detente!
Deja de exhalar la vida a cada momento, acercate a mi pecho.
¡Es suficiente!
El dolor sólo es ilusión, debajo es placer y deseo. Tócame.
Dame la mano
Mete tus tres dedos debajo de mi falda, llevalos hasta mi alma.
Mírame
Ve como me pierdo en infinito de deseo, el calor me ha fundido el cerebro.
Tómame
Sostenme con tu cuerpo, dale vida a mis pechos, deja correr la vida en forma de semen y sudor.
Somos, está noche, animales irracionales, es tu olor lo que me detiene, olor a sudor, olor a mi.
Es tu piel, presa de la mía, son mis piernas las cadenas que te atan a esta cama.
Esta noche no hay más nada, está noche es toda mía, toda tuya, toda nuestra.
Es el rojo del satín de mi vestido, la sangre que derramo en cada empeño.
Son tus ojos negros el vacío en que me pierno.
Tus uñas rasgan mi interior, mi exterior, mis pechos, mi púbis, mi conciencia, mi deseo.
Bailemos sin descanso, que mis piés se fundan y se pierdan.
Dame tu mano, toma mi pecho, mi pierna, mis sentidos.
Me siento sucia, delirante, burda y me gusta.
Soy el boceto de un mal dibujo.
Acercate, ten mi cuerpo, sacía está necesidad, dame todo y más de ti, está noche eres mío, animal caliente, con tu sexo hinchado,
destrozame...

vente dentro.

3.19.2011

Penumbra

Tu grito que me quema el pecho y el recuerdo.
Vi tu llanto mientras corrías por la calle carmesí.
El cielo se detuvo, los ojos se miraron entre sí.
Tu aliento susurrandome al oído.
Tu miembro disparando en mi entrepierna.
Amor mío, el mundo sin ti es un infierno.
Amor mío, mi mundo contigo es un infierno.

2.15.2011

De nuevo 14

Y pasarán los años, y pasarán los amores y el tiempo también pasará, y los recuerdos dejarán de ser frescos, las palabras perderán sentido, olvidaré aquello que me hacía reír estando a tu lado, las lagrimas no dejarán más que una tenue marca del camino recorrido una y otra vez, el dolor dormirá, el amor, el amor cambiará de una y mil formas, siempre buscando la forma de esconderse para no morir, me sentiré cómoda en presencia de otras presencias, mentiré una y otra vez a mi consciencia, diré una y otra vez el viento que la brisa de aquellas noches no fue más que ensueño. Olvidaré que alguna vez fuiste parte de mi vida, pretenderé que jamás busqué ser parte de la tuya. Y pasarán los años y me haré vieja, y mis pechos ya caídos por amamantar a los hijos que nunca tuve, recordarán tus manos que jamás los tocaron, el turgente trasero que evocaba en ti los más salvajes deseos, no será más que el recuerdo de los años de juventud.
Y pasarán los años, las décadas, los siglos sobre mis hombres, sobre los tuyos.
Y, cuando no seamos más que frágiles sombras de lo que somos ahora, la mano burlona de ese demonio bicéfalo al que llamamos destino, juntará nuestros caminos, ambos diferentes, ambos exactamente iguales al momento de dejar de ser juntos, y tendremos que decidir, si dejarnos llevar por las olas rojas agolpándose en los interiores o voltear la mirada. Será el momento de decidir dejar muerto lo que muerto estará o volver a sentir pena, amor y dolor. Y entonces,  y sólo entonces, sabré si lo que alguna vez pasó,  fue realmente o simplemente lo soñé. Y ahora, ahora no quiero saberlo, no quiero pensarlo, no quiero saberte aún dentro mío.
Esta noche, no quiero pensarte, no quiero quererte, no quiero saber que eres feliz.