8.28.2014

Macaria

Para muchos no hay mejor compañía que la de un perro, esos peludos que brincan y te lamen cuando están contentos. Es cierto, son maravillosos. Pero para mi no hay mejor compañía que la de un gato, y en especial la de una gata: Macaria.
Hace poco más de siete años la busqué, fui a recogerla a casa de un hombre que se deciaba a cuidar gatitos de la calle, y ahí estaba ella, de apenas dos meses, flaquita y tímida. Su trabajo en casa, en un principio, sería el de cazar ratones, pero jamás fue buena para eso; afortunadamente su sola presencia los ahuyentó.
Muchos tienen la creencia de que los gatos son malagradecidos y payasos, pero quien lo dice nunca ha tenido un gato en casa y si lo ha tenido, no ha sabido tratarlo. No hay ser más agradecido que un gato que ha sido rescatado de la calle. El problema es que las personas buscamos que nos agradezcan como lo haría un perro y está mal. Los gatos son gatos y como tal se comportan. Son tan sutiles que muy pocas personas llegan a entenderlos.
Mi gata, por ejemplo, tenía pequeñas formas de demostrarme su cariño y su agradecimiento: Se sentaba en mis piernas y ronroneaba, pero no era el usual ronrroneo de un gato, ella sólo lo hacía cuando la ocasión lo ameritaba, y en un tono muy bajito.
Cuando vivíamos solas fue cuando fuimos más unidas: Mientras trabajaba solía sentarse en mis piernas y verme trabajar, a veces incluso solía subirse a mis hombros y desde ahí veía con atención mis movimientos. A la hora de dormir, solía llegar en silencio y tumbarse en mi espalda, pero lo hacía de forma tan graciosa: era como ver a un arbol caer, porque ella solo se dejaba caer de lado y podía sentir su cuerpito caliente a un lado mío.
Cuando me ponía triste ella estaba ahí, me miraba y me maullaba, como diciendo: "No llores mami, yo estoy aquí".
Era una gata fuerte y de caracter, si la despertaba con mis alaridos (cantando), ella despertaba, me miraba con ojos de profundo rencor y me maullaba como diciendo: "Mamá, calla que no me dejas dormir".
Solía pelear con mi hermana y era fetichista de los píes.
Era celosa y cada que un animal nuevo llegaba a mi vida, ella me hacía saber su descontento alejándose de mi, pero siempre me perdoba y regresaba a mis brazos.
Fue una gata que supo adaptarse a nuevas situaciones, algunas muy estresante; algo que a los gatos les cuesta mucho trabajo. vivió conmigo mudanzas, viajes de más de 30 horas, perros, otros gatos, cuyos y hasta una coneja.
Hace dos años que tuve Neumonía, el médico me dijo que tenía que deshacerme de todos mis animalitos, para ese entonces, conmigo vivían dos cuyitos, una coneja y mi gata. Le dije al médico que sí, y en esa semana pude conseguirles hogares amorosos a los cuyitos: Miguelito y Tito, y a Pantufla, la coneja. Cuando volví a ir al médico, éste me preguntó si ya no tenía animales, y le dije que los cuyos y la coneja ya no estaban, él me dijo que la gata también tenía que irse y mi respuesta fue clara y muy decidida: "Primero me muero, antes que deshacerme de mi gata".
Hoy, mi desición sería la misma, y me duele no haberla pudido cumplir. Me siento culpable por no haber podido seguir con ella y dejarla en manos de otros, si bien no la "regalé" si la dejé en manos de mis padres debido al cáncer y es una de las cosas que mas me ha dolido hacer en mi vida.
Hace un par de meses me dieron la noticia de que no la encontraban pero nadie me dijo la verdad, que yo ya sospechaba, hasta hace unos días: ella murió.
Después de tantos años y de tantas anecdotas, ella simplemente ya no está y no volveré a verla nunca más. No volveré a sentir sus patitas "masajeándome" el vientre, ni volveré a escuchar su maullido rasposo, o su leve ronrroneo. Simplemente mi bebé ya no está y no me pude despedir de ella. Si hubiera sabido que la última vez que la vi, era la última, simplemente no la hubiera dejado sola, porque ella más que "un simple animal", era mi hija. Un ser que vale tanto o más que muchos humanos que me he encontrado en la vida.
En la memoria se quedan las anécdotas graciosas, los momentos tristes y todo lo que vivimos juntas.
Quizá para los demás sólo sea un gato menos y muchos no entiendan el terrible dolor que me embarga al escribir estas palabras y al recordarla, pero para mi no habrá en el mundo otro ser como ella, como mi niña, mi Makis.
Que sea éste un pequeño homenaje a un gran ser que me dio su vida y su amor de forma incondicional, que me amo como ningún ser humano es capaz: sin reservas, sin miedo, sin esperar nada a cambio, de forma total.
Sé que pude ser mejor madre, pero también sé que hice lo mejor que pude, mientras pude.
Adiós amor, mi linda Makis.







8.24.2014

Aroma

Ayer te encontré escondido en mi armario, 
un fantasma de tu prescencia
aprisionado entre los hilos de una prenda blanca.
Aprisionado en mi pensamiento, 
en mi deseo, en mi llanto 
y en mi anhelo. 
Y aunque fui yo quien lo dijo en voz alta, 
no puedo seguir fingiendo: 
Me haces falta