Te he escuchado toda mi vida maldecir,
saber que vas a morir no debe ser fácil,
pero nunca terminas de morir, no entiendo.
He sabido desde niña que te irás,
pero siempre que regreso estas aquí,
aferrandote a la vida como si fuera maravillosa.
Cada noche al dormir he tenido miedo
de no ver tu flaco y demacrado rostro una vez más,
pero es tu voz aguardientosa maldiciendo
la que me despierta en las mañanas.
No comprendo, por Dios, que no lo entiendo,
según me dijo mi madre, estas pagando por tus errores de juventud,
excesos de vida, alcoho, mujeres y alguna que otra sustancia prohibida,
según me dijo la abuela, conociste muchos lugares,
tuviste mucho dinero,
viviste una gran vida.
No lo entiendo y no es justo,
te lo mereces,
el estar postrado en esa cama noche y día,
es tu castigo por vivir sin consecuencias aparentes,
No es justo, es mentira,
que lleves tantos años muriendote y no te mueres,
no comprendo, que alguien me explique,
porque tu sigues viviendo,
mientras tan derrepente está mañana...
yo he muerto.
7.29.2011
100 días, 100 poemas
A ver si sale, en cien días, cien poemas.
¿Algunos de mis pocos seguidores quisiera intentarlo?
Un buen ejercio para el cerebro, la mente y el alma.
¿Algunos de mis pocos seguidores quisiera intentarlo?
Un buen ejercio para el cerebro, la mente y el alma.
7.28.2011
Buenas noches.
Buenas noches mi botón-
Dijo ella, él no contestó,
en cambio cerró los ojos,
apretó los dientes
y espero a que ella durmiera
para darle un beso en la mejilla;
Buenas noches mi dedal-
pensó él y se marchó.
La luz entró por las ventana,
el sol iluminó sus ojos verdes
y su alma dió un vuelco
cuando se hayó sola en la cama;
Adiós mi hermoso tulipan-
lloró ella...
Si pudieras mirar conmigo el gran oceano, mi mandarina-
pensaba él mientras la brisa le helaba el corazón.
Y jamás la olvidó,
aún cuando sus ojos se apagaron,
aún cuando la muerte le pisó los pies en la carretera,
la pensó y la amo,
y por eso, una noche tibia la dejó.
El miedo lo paralizó,
no supo amarla, temió perderla,
y jamás comprendió que su amor murió con ella.
Dijo ella, él no contestó,
en cambio cerró los ojos,
apretó los dientes
y espero a que ella durmiera
para darle un beso en la mejilla;
Buenas noches mi dedal-
pensó él y se marchó.
La luz entró por las ventana,
el sol iluminó sus ojos verdes
y su alma dió un vuelco
cuando se hayó sola en la cama;
Adiós mi hermoso tulipan-
lloró ella...
Si pudieras mirar conmigo el gran oceano, mi mandarina-
pensaba él mientras la brisa le helaba el corazón.
Y jamás la olvidó,
aún cuando sus ojos se apagaron,
aún cuando la muerte le pisó los pies en la carretera,
la pensó y la amo,
y por eso, una noche tibia la dejó.
El miedo lo paralizó,
no supo amarla, temió perderla,
y jamás comprendió que su amor murió con ella.
7.08.2011
El colegio
El colegio para señoritas “Perfect Live”, era muy reconocido por sus egresadas: esposas perfectas y madres abnegadas, gracias a su sistema de valores que era inculcado en las niñas desde su primer día en el colegio. La directora era la Señorita Alonly Decenth, famosa por ser estricta en la enseñanza.
El primer día en el colegio era crucial para las niñas, si agradaban a la señorita Decenth no tendrían problemas durante su estancia, pero si notaba siquiera un brillo de rebeldía no cesaba hasta extinguirlo.
El “plan de estudios” era rígido, por la mañana las niñas tenían que levantarse muy temprano para asistir a misa, después a las ocho en punto estar en el comedor para el desayuno, a las ocho treinta su clase de lectura, a las nueve treinta: la clase de piano; a las once: su clase de lenguas extranjeras; a las doce treinta: de nuevo al comedor para un almuerzo ligero; a la una de la tarde: ciencias naturales, a la una treinta: la guía del hogar, a las tres a la capilla para orar media hora, a las tres treinta al comedor para la comida, después media hora de siesta, para después seguir con su clase de belleza; clase matemáticas, a las cinco con treinta su clase de deportes, tenis o natación según el día, seis treinta la hora del te, a las siete lectura de los clásicos, a las ocho la merienda a las ocho treinta la hora común en la sala y a las nueve se apagaban las luces.
Durante años este sistema había sido extremadamente exitoso, pues las mujeres que salían del colegio eran buenas esposas, excelentes madres y sobre todo, sabían como seguir ordenes, como llevar un horario rígido y no tenían tiempo para pensar en sus necesidades.
Los problemas más comunes eran algunas pequeñas algo perezosas o un poco sentimentales, pero nada que no se pudiera resolver con algo de mano fuerte.
Una mañana de verano una pareja llegó al colegio con su hija, una niña de once años. La pareja era nueva en la ciudad y deseaban que su hija estuviera en el mejor colegio. Cuando la señorita habló con ellos fue bastante directa. No acostumbraba a aceptar alumnas de esa edad debido a que ya han sido contaminadas por influencias externas, por eso el colegio solo recibía niñas entre los cuatro y los seis años de edad y en algunos casos de ocho, pero la pequeña ya estaba por cumplir los doce años y sería muy difícil de que se adaptara. Los padres de la pequeña insistieron y como eran de buena familia, la señorita Decenth aceptó.
La pequeña se llamaba Desyre, delgada, aunque la pubertad comenzaba a hacer lo suyo, de piel morena clara, cabello rojizo y ojos grises, una hermosa ninfula.
Al principio Desyre tuvo problemas para adaptarse, pero en verdad el colegio no era muy diferente de otros en los que había estado.
Pasaron cuatro años y Desyre se había convertido en la alumna modelo, la señorita Decenth se encargaba personalmente de las clases de piano de Desyre pues era excelente como su discípula.
Desyre por el contrario, hacía poco esfuerzo para agradar a las personas, debido a su gran belleza nadie hacia caso de su plática o de sus talentos, varios jóvenes buscaban ya tenerla como esposa, gracias a esos vestidos elegantes que usaba en las fiestas del colegio de fin de año, el único día en que los hombres entraban al colegio.
Todo era perfecto, la señorita Decenth estaba más tranquila que nunca, el colegio iba bien y eso la hacia feliz, pues a pesar de ser hermosa no tenía esposo o hijos, y nunca le faltaron propuestas matrimoniales, simplemente las rechazaba ni siquiera ella sabía porque.
Motivo del cumpleaños numero dieciséis de Desyre, se organizó una pequeña reunión en el colegio, como los padres de ella no estaban en la ciudad fueron sus padrinos de bautizo los invitados de honor. Los padrinos de Desyre eran importantes empresarios de la ciudad, una pareja algo pedante y falta de clase, pero muy divertidos.
Cuando llegaron al Colegio un joven estaba con ellos, era el sobrino de la madrina de Desyre que estaba estudiando en la ciudad y se quedaba con sus tíos.
Durante la noche el Joven miraba insistentemente a Desyre, y está como muchas ocasiones, sólo ignoraba al muchacho.
Después de un hora de guardar las apariencias y sonreir a gente que ni conocía, Desyre se sintió hastíada y decidió perderse en la gran mansión que servía de escuela, sin darse cuenta que una sombra la seguía a pocos pasos: el joven que iba con sus padrinos, quien le tapó la boca con una de sus manos y con la otra se dispuso a tocarla de pies a cabeza, estaba loco de la excitación. Desyre no sabia que hacer, no estaba asustada, ni excitada más bien tenía curiosidad de aquel muchacho y sus extrañas reacciones, mientras él estaba apunto de bajar el sierre de su pantalón una mano lo arrojó con fuerza hasta el otro lado de la habitación, era la señorita Decenth que se había percatado de la ausencia de los dos jóvenes; el chico al darse cuenta de la situación huyó del lugar gritando que había sido ella, gritando insultos y lloriqueando. La Srita. Decenth se sentía herida, su mejor alumna había hecho tal bajeza, estaba furiosa y no pudo más que soltarle una bofetada a la chiquilla con tal fuerza que la tiró al piso, quedando casi desnuda, pues el vestido que traía había resbalado al caer debido a que el muchacho se había encargado de desabotonarlo. Cuando Alonly tuvo frente así aquella celestial criatura, indefensa y lista para ser tomada sintió como sus sentidos eran estrujados todos al mismo tiempo, en ese momento se dio cuenta que lo que sentía por ella eran celos, celos de que estuviera con alguien más, ella era suya, sólo suya. Se sentó a un lado de ella en el piso y comenzó a acariciar con delicadeza a su pupila, primero las piernas, después el abdomen, sus hermosos pechos.
Desyre estaba bastante confundida, no sabía como reaccionar, y gracias a las caricias de Alonly comenzaba a sentir un hormigueo en la parte baja del estomago, algo que jamás había sentido. Alonly no sabia que hacía, por dentro sabía que no estaba bien pero no podía detenerse, no quería, lo deseaba y siempre lo había deseado.
Cuando sus labios se rozaron algo se rompió muy en el fondo de Alonly, algo que no podía ser reparado.
En ese momento tomo control de sí misma, levanto a la muchacha de un jalón y le ordenó que se marchara a su habitación, tenía que empacar de inmediato, su conducta era inadmisible.
Al otro día Desyre se fue del colegio para siempre, y la Señorita Decenth, lloró, lloró por perderla, lloró porque tenía miedo de volver a sentir lo que había sentido la noche anterior, pero más aún lloró por el miedo de no sentirlo jamás.
7.04.2011
Sangre
La sangre no tiene nombre,
no tiene rostro,
la sangre carga historias de amores rotos,
de injusticias, de hambres, de penas,
de olvidos y vacíos.
La sangre no tiene edad,
color o religión,
la sangre no es de uno o una,
la sangre es de todos la vida
que se cuela por la alcantarilla.
no tiene rostro,
la sangre carga historias de amores rotos,
de injusticias, de hambres, de penas,
de olvidos y vacíos.
La sangre no tiene edad,
color o religión,
la sangre no es de uno o una,
la sangre es de todos la vida
que se cuela por la alcantarilla.
Espera
Gotas que llegan al piso morir,
cuerdas que rompen la vida
al ser rozadas por tus llemas,
amores que vuelan con tu pensamiento,
olores que envuelven el mío.
Tierras lejanas que viven detrás de las montañas,
alas de nostalgía que quisiera poseer,
alma mía, refugio, abrazo, olvido.
Corazones rotos que se curan así mismo,
espejos que no mienten y que duelen, curvas y pérdidas.
Tiempo y silencio, la luz que se cuela por el tiempo que perdimos.
Amor mío, es tu cintura que me atrapa y me pierde.
¿Dónde están esos pasos que he seguido hasta aquí? Dolor mío.
Ideas que mueren, que surgen, se pierden, se funden con mi sexo.
Es el cielo el destino, son las nubes el camino, son tus ojos mi guía.
Amor, es la espera que me mata, es la necesidad lo que me mantiene con vida.
¡No!, no tengas ideas, deseos, destinos: sólo yo... sólo el mío.
cuerdas que rompen la vida
al ser rozadas por tus llemas,
amores que vuelan con tu pensamiento,
olores que envuelven el mío.
Tierras lejanas que viven detrás de las montañas,
alas de nostalgía que quisiera poseer,
alma mía, refugio, abrazo, olvido.
Corazones rotos que se curan así mismo,
espejos que no mienten y que duelen, curvas y pérdidas.
Tiempo y silencio, la luz que se cuela por el tiempo que perdimos.
Amor mío, es tu cintura que me atrapa y me pierde.
¿Dónde están esos pasos que he seguido hasta aquí? Dolor mío.
Ideas que mueren, que surgen, se pierden, se funden con mi sexo.
Es el cielo el destino, son las nubes el camino, son tus ojos mi guía.
Amor, es la espera que me mata, es la necesidad lo que me mantiene con vida.
¡No!, no tengas ideas, deseos, destinos: sólo yo... sólo el mío.
7.01.2011
Sudor Satín
¡Deja ya!
Levanta la mirada, deja de pedir perdón, deja de suplicar.
¡Basta ya!
Acercate a mi espalda y olvidate del tiempo.
¡Detente!
Deja de exhalar la vida a cada momento, acercate a mi pecho.
¡Es suficiente!
El dolor sólo es ilusión, debajo es placer y deseo. Tócame.
Dame la mano
Mete tus tres dedos debajo de mi falda, llevalos hasta mi alma.
Mírame
Ve como me pierdo en infinito de deseo, el calor me ha fundido el cerebro.
Tómame
Sostenme con tu cuerpo, dale vida a mis pechos, deja correr la vida en forma de semen y sudor.
Somos, está noche, animales irracionales, es tu olor lo que me detiene, olor a sudor, olor a mi.
Es tu piel, presa de la mía, son mis piernas las cadenas que te atan a esta cama.
Esta noche no hay más nada, está noche es toda mía, toda tuya, toda nuestra.
Es el rojo del satín de mi vestido, la sangre que derramo en cada empeño.
Son tus ojos negros el vacío en que me pierno.
Tus uñas rasgan mi interior, mi exterior, mis pechos, mi púbis, mi conciencia, mi deseo.
Bailemos sin descanso, que mis piés se fundan y se pierdan.
Dame tu mano, toma mi pecho, mi pierna, mis sentidos.
Me siento sucia, delirante, burda y me gusta.
Soy el boceto de un mal dibujo.
Acercate, ten mi cuerpo, sacía está necesidad, dame todo y más de ti, está noche eres mío, animal caliente, con tu sexo hinchado,
destrozame...
vente dentro.
Levanta la mirada, deja de pedir perdón, deja de suplicar.
¡Basta ya!
Acercate a mi espalda y olvidate del tiempo.
¡Detente!
Deja de exhalar la vida a cada momento, acercate a mi pecho.
¡Es suficiente!
El dolor sólo es ilusión, debajo es placer y deseo. Tócame.
Dame la mano
Mete tus tres dedos debajo de mi falda, llevalos hasta mi alma.
Mírame
Ve como me pierdo en infinito de deseo, el calor me ha fundido el cerebro.
Tómame
Sostenme con tu cuerpo, dale vida a mis pechos, deja correr la vida en forma de semen y sudor.
Somos, está noche, animales irracionales, es tu olor lo que me detiene, olor a sudor, olor a mi.
Es tu piel, presa de la mía, son mis piernas las cadenas que te atan a esta cama.
Esta noche no hay más nada, está noche es toda mía, toda tuya, toda nuestra.
Es el rojo del satín de mi vestido, la sangre que derramo en cada empeño.
Son tus ojos negros el vacío en que me pierno.
Tus uñas rasgan mi interior, mi exterior, mis pechos, mi púbis, mi conciencia, mi deseo.
Bailemos sin descanso, que mis piés se fundan y se pierdan.
Dame tu mano, toma mi pecho, mi pierna, mis sentidos.
Me siento sucia, delirante, burda y me gusta.
Soy el boceto de un mal dibujo.
Acercate, ten mi cuerpo, sacía está necesidad, dame todo y más de ti, está noche eres mío, animal caliente, con tu sexo hinchado,
destrozame...
vente dentro.
3.19.2011
Penumbra
Tu grito que me quema el pecho y el recuerdo.
Vi tu llanto mientras corrías por la calle carmesí.
El cielo se detuvo, los ojos se miraron entre sí.
Tu aliento susurrandome al oído.
Tu miembro disparando en mi entrepierna.
Amor mío, el mundo sin ti es un infierno.
Amor mío, mi mundo contigo es un infierno.
Vi tu llanto mientras corrías por la calle carmesí.
El cielo se detuvo, los ojos se miraron entre sí.
Tu aliento susurrandome al oído.
Tu miembro disparando en mi entrepierna.
Amor mío, el mundo sin ti es un infierno.
Amor mío, mi mundo contigo es un infierno.
2.15.2011
De nuevo 14
Y pasarán los años, y pasarán los amores y el tiempo también pasará, y los recuerdos dejarán de ser frescos, las palabras perderán sentido, olvidaré aquello que me hacía reír estando a tu lado, las lagrimas no dejarán más que una tenue marca del camino recorrido una y otra vez, el dolor dormirá, el amor, el amor cambiará de una y mil formas, siempre buscando la forma de esconderse para no morir, me sentiré cómoda en presencia de otras presencias, mentiré una y otra vez a mi consciencia, diré una y otra vez el viento que la brisa de aquellas noches no fue más que ensueño. Olvidaré que alguna vez fuiste parte de mi vida, pretenderé que jamás busqué ser parte de la tuya. Y pasarán los años y me haré vieja, y mis pechos ya caídos por amamantar a los hijos que nunca tuve, recordarán tus manos que jamás los tocaron, el turgente trasero que evocaba en ti los más salvajes deseos, no será más que el recuerdo de los años de juventud.
Y pasarán los años, las décadas, los siglos sobre mis hombres, sobre los tuyos.
Y, cuando no seamos más que frágiles sombras de lo que somos ahora, la mano burlona de ese demonio bicéfalo al que llamamos destino, juntará nuestros caminos, ambos diferentes, ambos exactamente iguales al momento de dejar de ser juntos, y tendremos que decidir, si dejarnos llevar por las olas rojas agolpándose en los interiores o voltear la mirada. Será el momento de decidir dejar muerto lo que muerto estará o volver a sentir pena, amor y dolor. Y entonces, y sólo entonces, sabré si lo que alguna vez pasó, fue realmente o simplemente lo soñé. Y ahora, ahora no quiero saberlo, no quiero pensarlo, no quiero saberte aún dentro mío.
Esta noche, no quiero pensarte, no quiero quererte, no quiero saber que eres feliz.
Y pasarán los años, las décadas, los siglos sobre mis hombres, sobre los tuyos.
Y, cuando no seamos más que frágiles sombras de lo que somos ahora, la mano burlona de ese demonio bicéfalo al que llamamos destino, juntará nuestros caminos, ambos diferentes, ambos exactamente iguales al momento de dejar de ser juntos, y tendremos que decidir, si dejarnos llevar por las olas rojas agolpándose en los interiores o voltear la mirada. Será el momento de decidir dejar muerto lo que muerto estará o volver a sentir pena, amor y dolor. Y entonces, y sólo entonces, sabré si lo que alguna vez pasó, fue realmente o simplemente lo soñé. Y ahora, ahora no quiero saberlo, no quiero pensarlo, no quiero saberte aún dentro mío.
Esta noche, no quiero pensarte, no quiero quererte, no quiero saber que eres feliz.
12.02.2010
Cancionero
Así como Pedro, encuentro historias no contadas detrás de las letras de otros, no en los Libros, como él, sino en la canciones, esa notas que llegan hasta mis oídos me cuentan historias que no son las mismas de las canciones, aunque no están del todo desconectadas. Son esos personajes que se asoman por las rendijas de las notas, de los acordes, esos que se escaparon a la historia principal; no es Daniela quien acude a mi, son las personas que a Daniela han sufrido, que se han perdido en una de sus tantas puertas, son las personas que esperan en una de las sietes puertas de esa casa en el mar, es el hermano que escucha como sufre de nostalgía su amigo, esos son los personajes que vienen a mis oídos pidiendo, melodicamente, que cuente sus historias, esas que no encontraron Pedro, Joaquín o Enrique.
No es mi historia personal de la que escribo, porque esa no la termino de comprender, mucho menos de aceptar, esa historia, mi historia, pedirá a otros que la cuenta cuando yo ya no esté aquí para reprimirla; no, no es mi vida, ni mi dolor, ni son mis deseos de saltar por la corniza, de dormir para siempre, no, esa historia se queda conmigo y me la cuento cada noche esperando que me convenza de lo contrario.
No es mi historia personal de la que escribo, porque esa no la termino de comprender, mucho menos de aceptar, esa historia, mi historia, pedirá a otros que la cuenta cuando yo ya no esté aquí para reprimirla; no, no es mi vida, ni mi dolor, ni son mis deseos de saltar por la corniza, de dormir para siempre, no, esa historia se queda conmigo y me la cuento cada noche esperando que me convenza de lo contrario.
12.01.2010
Ensueño
Martina abre los ojos y mira por su ventana, el cielo pinta azulado, aún no hay sol. Se levanta de la cama despacio, como meditando cada movimiento. Siente el deseo de volar, una vez más. Sube, descalza, las escaleras de metal en forma de caracol que llevan a la azotea. Desde ahí puede ver toda la ciudad, grande, enorme, que se come el mundo, ve como empieza a despertar poco a poco. Hace frío, su piel se enchina y un helado sentimiendo entra por sus pies y le congela todo el cuerpo. Piensa en su madre, esa desconocida que la ama a pesar de la distancia que hay entre ellas, piensa en su hermanita que es como su hija, sólo porque a la pequeña se le ha antojado adoptarla como madre. Piensa en Melina, su gata blanca, que aún duerme sobre su cama. Es en ella en quien más piensa. ¿Quién se va a encargar de Melina cuando ella ya no este? No habrá nadie que la alimente como sólo ella sabe hacerlo, ni quien le cepille el cabello, seguro que cuando Martina ya no esté, Melina se dedicará a vagar por la ciudad, perdida, sin rumbo, justo como Martina se siente ahora. Simplemente nada tiene sentido. El frío la hace querer estar en un lugar cálido, lejos de ahí, pero al mismo tiempo la termina por desperta, le da claridad a sus sentidos; puede, por fin después de mucho tiempo, ver la belleza de lo que le rodea, tenía mucho que no se daba el tiempo de ver un amanecer, tenía mucho que no sentía ese frío matinal que tanto le gustaba, tenía mucho tiempo que no sentía nada. Esos pensamientos le hacen sentir cálido su cuerpo, su interior, sus adentros. Martina no tiene miedo, ha comprendido su desición, y ahora ya no se siente más culpable; sus pies, entumidos ya, apenas pueden dar los pasos que la separan del infinito, tal vez ellos se nieguen a despedirse del preciado suelo que tanto tiempo han pisado, pero Martina ha tomado una desición, lo acepten o no sus pies, sus brazos, sus ojos o cualquier parte de su cuerpo. Sube despacio a la corniza, mira por última vez la ciudad y sonrié, ama la ciudad, ama a su gata, ama a su hermanita-hija y sobre todo ama a su madre. Está lista, cierra los ojos, extiende los brazos y disfruta del fugaz vuelo.
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