Estaba el pequeño Taiyari,
en su banquita,
dibujando sin cesar,
y cantando una cancioncita.
De pronto escuchó unos pasos
que le dieron un sustito
¿Mamita, eres tú?, preguntó despacito.
¿Vienes a darme abrazos,
por haberme dejado solito?
Era la calavera temible
que quería llevarlo consigo,
cogióle con sus brazos terribles
susurrándole al oído:
"Ven y sé mi amigo".
Taiyari gritó asustado
con su voz temblorosa y chiquita
"¡No quiero ir a tu lado,
yo solo quiero a mi mamita!".
"Aquí estoy mi pequeño angelito,
Tu mamita está a tu lado
y jamás te dejará solito,
abre lo ojos mi amado
y ven corriendo conmigo".
Taiyari abrió los ojitos,
"¡Aquí estás, querida mamita!"
no me vuelvas a dejar solito
que me lleva la calaquita".
"No hay ninguna huesuda,
es que estabas soñando,
aquí solo hay alegría pura,
con tu querida mamá
que siempre te está abrazando."
Taiyari respiró aliviado,
con una sonrisa en su ceño
entendió que todo fue un sueño
feliz y emociondo
de su mamá abrazado.