Cierra los ojos y piensa,
¿Cuántas veces?
Dime, ¿cuántas veces vas a llorar?
¿Es que acaso vale la pena?
Con tan poco tiempo entre cada suspiro
¿No hay ya demasiada pena en el mundo?
Cierra los ojos,
sólo, cierra los ojos.
RESPIRA.
El mundo no termina esta noche,
no serás la única, ni la primera,
y ha saber, tampoco la última
¿Y qué mas da?
Tú lo haz dicho:
Todo pasa
y esto,
también pasará.
Vamos, ciérralos ya.
Piensa en nada,
sólo flota en este espacio,
que sea tu refugio del dolor y la pena.
Cierra los ojos y escucha,
las campanas ya suenan,
avisan que el tiempo terminó,
ves ¿Y qué haz hecho sino llorar?
¿Y para qué?
Sólo cierra los ojos y duerme,
descansa.
3.27.2016
2.04.2016
Esmeralda
El reloj marcaba las tres menos quince de la tarde.
Ella retocaba los últimos detalles de su maquillaje, no es que hubiera mucho que mejorar, ya había hecho todo lo posible por borrar de su rostro las marcas del insomnio y el cansancio de vivir.
Su estómago carecía de volumen, sentía dentro un globo que se inflaba cada vez más llenándola de helio; sentía que en cualquier momento comenzaría a flotar y no se detendría hasta llegar a las nubes.
Era hora, si no se apresuraba llegaría tarde, y esa idea le molestaba, la puntualidad era demasiado importante para ella.
Cogió su bolsa de mano y el pequeño tulipán azul y salió de casa.
A las tres en punto de la tarde estaba en el lugar acordado, buscando entre la multitud que ese sábado abarrotaba la plaza, por un rostro que le resultara familiar, pues era lo único que conocía con certeza de él.
Sus ojos viajaban de una figura masculina a otra, del chico viendo relojes costosos al hombre que leía sentado mientras bebia una taza de café. Ahí no había nadie, al menos nadie que correspondiera al rostro que ella conocía.
Caminó un poco alrededor, tratando de perder la sensación de cosquilleo del cuerpo, viendo en los escaparates, intentando no pensar en el por qué de su reunión.
Se perdió en sus pensamientos, en sus miedos, en sus nervios y se olvidó de observar los alrededores, hasta que una mano en su espalda la sacó de su ensoñación. Al girarse ahí estaba él, con sus ojos esmeralda. Todo su cuerpo entró en tensión y su mente se quedó en blanco. De nuevo, ahí estaba ella, paralizada por la imagen de un fantasma virtual que se materializaba de la nada, del espacio oscuro que se llenaba de carácteres todas las noches. Sólo el ligero roce de unos labios ajenos y una incipiente barba sobre su rostro, sobre sus labios más específicamente, la regresaron a la realidad.
Ahí estaba él, y ella sintió que volvía el tiempo un año y medio atrás, diferente lugar, diferente rostro, pero misma situación.
Se perdieron entre la gente, se perdieron en ellos mismo, y así la tarde comenzó y con ella las posibilidades que al final del día se habían multiplicado y agonizado al mismo tiempo.
Largas horas de conversaciones extrañas y retorcidas, mostrando sus más delirantes demonios ocultos, buscando ahuyentar al otro, para así no albergar la esperanza del fin de la agonía en solitario.
Sin embargo, las palabras no fueron suficientes, las carnes se gritaban entre sí, se reconocían, se hechaban en falta, y las lenguas comenzaron a hablar un lenguaje que sólo comprende quien ha necesitado el roce ajeno con la premura que el sediento apura el vaso de agua.
Remolinos giraron en su cabeza, y demonios agitaban sus entrañas, aún así, ella cedió, dejó la puerta abierta y el llenó cada uno de sus espacios, de sus supiros, de sus dudas, de sus silencios y de sus inviernos.
LLegó anunciando tiempos nuevos, primaveras, veranos y hasta otoños.
Las horas pasaron mientras ella intentaba memorizar cada defecto y cada falla que él intentaba ocultar.
Fingió que el abismo que crecía en medio de la cama de motel que representaba su futuro, no existía. Más esa vocecilla le gritaba cada vez más desesperada, y ella sólo decidió ignorarla.
Su cuerpo le sabía a sal y a sueños que ya se habían olvidado.
Su rostro dibujaba palabras que ella había dejado guardadas en un cajoncito bajo llave.
Su sexo le sabía dulce, y emanaba el calor necesario para derretir el hielo que el tiempo había instalado en su cuerpo.
Entonces todo fue diferente, sintió como cada parte de su cuerpo despertaba de un largo letargo en que un mal recuerdo la había sumido 18 meses antes.
Ya nada le recordaba el terrible mes de Abril perdido en un armario con fantasmas y esencias atrapadas en las sábanas.
Pensaba que esa tarde habría de encontrarlo a él, sin embargo, se encontró así misma.
Cada una de sus extremidades recobró la capacidad de sentir, de tocar, de gozar.
Volvió su rostro al espejo que la miraba desde el techo, y se vio así misma, bella, viva, cachonda, ella.
El calor inundo su cuerpo, su sexo primero, sus piernas, sus estómago, sus senos, sus mejillas, su cabeza. Se perdió en el fuego que le quemaba la piel, que le llebaba hasta las cenizas, para renacer una nueva ella.
Después de tres, diez, cien, incontables orgasmos, abrió los ojos. Comprendió que él no estaba, no era más que una invención que ella misma había creado, una excusa, o quizá siguiera dormido a su lado, eso ya no importaba.
Cuando despertó a su lado, sólo yacía un pequeño tulipán azul.
Sonrió para sí misma.
Ella retocaba los últimos detalles de su maquillaje, no es que hubiera mucho que mejorar, ya había hecho todo lo posible por borrar de su rostro las marcas del insomnio y el cansancio de vivir.
Su estómago carecía de volumen, sentía dentro un globo que se inflaba cada vez más llenándola de helio; sentía que en cualquier momento comenzaría a flotar y no se detendría hasta llegar a las nubes.
Era hora, si no se apresuraba llegaría tarde, y esa idea le molestaba, la puntualidad era demasiado importante para ella.
Cogió su bolsa de mano y el pequeño tulipán azul y salió de casa.
A las tres en punto de la tarde estaba en el lugar acordado, buscando entre la multitud que ese sábado abarrotaba la plaza, por un rostro que le resultara familiar, pues era lo único que conocía con certeza de él.
Sus ojos viajaban de una figura masculina a otra, del chico viendo relojes costosos al hombre que leía sentado mientras bebia una taza de café. Ahí no había nadie, al menos nadie que correspondiera al rostro que ella conocía.
Caminó un poco alrededor, tratando de perder la sensación de cosquilleo del cuerpo, viendo en los escaparates, intentando no pensar en el por qué de su reunión.
Se perdió en sus pensamientos, en sus miedos, en sus nervios y se olvidó de observar los alrededores, hasta que una mano en su espalda la sacó de su ensoñación. Al girarse ahí estaba él, con sus ojos esmeralda. Todo su cuerpo entró en tensión y su mente se quedó en blanco. De nuevo, ahí estaba ella, paralizada por la imagen de un fantasma virtual que se materializaba de la nada, del espacio oscuro que se llenaba de carácteres todas las noches. Sólo el ligero roce de unos labios ajenos y una incipiente barba sobre su rostro, sobre sus labios más específicamente, la regresaron a la realidad.
Ahí estaba él, y ella sintió que volvía el tiempo un año y medio atrás, diferente lugar, diferente rostro, pero misma situación.
Se perdieron entre la gente, se perdieron en ellos mismo, y así la tarde comenzó y con ella las posibilidades que al final del día se habían multiplicado y agonizado al mismo tiempo.
Largas horas de conversaciones extrañas y retorcidas, mostrando sus más delirantes demonios ocultos, buscando ahuyentar al otro, para así no albergar la esperanza del fin de la agonía en solitario.
Sin embargo, las palabras no fueron suficientes, las carnes se gritaban entre sí, se reconocían, se hechaban en falta, y las lenguas comenzaron a hablar un lenguaje que sólo comprende quien ha necesitado el roce ajeno con la premura que el sediento apura el vaso de agua.
Remolinos giraron en su cabeza, y demonios agitaban sus entrañas, aún así, ella cedió, dejó la puerta abierta y el llenó cada uno de sus espacios, de sus supiros, de sus dudas, de sus silencios y de sus inviernos.
LLegó anunciando tiempos nuevos, primaveras, veranos y hasta otoños.
Las horas pasaron mientras ella intentaba memorizar cada defecto y cada falla que él intentaba ocultar.
Fingió que el abismo que crecía en medio de la cama de motel que representaba su futuro, no existía. Más esa vocecilla le gritaba cada vez más desesperada, y ella sólo decidió ignorarla.
Su cuerpo le sabía a sal y a sueños que ya se habían olvidado.
Su rostro dibujaba palabras que ella había dejado guardadas en un cajoncito bajo llave.
Su sexo le sabía dulce, y emanaba el calor necesario para derretir el hielo que el tiempo había instalado en su cuerpo.
Entonces todo fue diferente, sintió como cada parte de su cuerpo despertaba de un largo letargo en que un mal recuerdo la había sumido 18 meses antes.
Ya nada le recordaba el terrible mes de Abril perdido en un armario con fantasmas y esencias atrapadas en las sábanas.
Pensaba que esa tarde habría de encontrarlo a él, sin embargo, se encontró así misma.
Cada una de sus extremidades recobró la capacidad de sentir, de tocar, de gozar.
Volvió su rostro al espejo que la miraba desde el techo, y se vio así misma, bella, viva, cachonda, ella.
El calor inundo su cuerpo, su sexo primero, sus piernas, sus estómago, sus senos, sus mejillas, su cabeza. Se perdió en el fuego que le quemaba la piel, que le llebaba hasta las cenizas, para renacer una nueva ella.
Después de tres, diez, cien, incontables orgasmos, abrió los ojos. Comprendió que él no estaba, no era más que una invención que ella misma había creado, una excusa, o quizá siguiera dormido a su lado, eso ya no importaba.
Cuando despertó a su lado, sólo yacía un pequeño tulipán azul.
Sonrió para sí misma.
Tú
Mi conciencia grita, dentro de mi cráneo, grita por ti.
Tú voz resuena como eco y eso sólo empeora mis propios gritos. Ni la música a todo volumen que sale por mis audífonos puede acallar los gritos.
Mis tripas se retuercen por ti, el hueco crece, se come lo poco que queda y yo intentando saciarlo a toda costa, devorando hasta el último suspiro.
Cada alarma salta ante el más mínimo indicio de tu presencia. Sé que no eres bueno para mi. No hasta que éste manojo en el que me he convertido tenga sentido.
Tú rostro cambia, tu voz cambia, tu nombre cambia, pero sigues siendo tú, siempre tú. Ese que se cruzó conmigo cuando era tan sólo una idea no concebida aún.
¿Cómo alejarme de lo que me es inherente?
Estas ahí y cada camino me lleva a ti, a cada una de tus facetas y todas me gustan, y me torturo por ello.
No es el destino, es sólo lo inevitable, tu y yo, porque no hay nada en él mundo que pueda soportar nuestras penas más que el otro.
No lucharé, no pelearé más, dejaré que me lleve la corriente al final, a ti. Y mientras disfrutaré de los tropiezos en las orillas de otras penas y otros brazos y otros sexos, y en cada una de tus imperfecciones encarnadas en otros tú, sin rendirme al vacío, sin remordimiento, sin pena y quizá, sin gloria.
Tú voz resuena como eco y eso sólo empeora mis propios gritos. Ni la música a todo volumen que sale por mis audífonos puede acallar los gritos.
Mis tripas se retuercen por ti, el hueco crece, se come lo poco que queda y yo intentando saciarlo a toda costa, devorando hasta el último suspiro.
Cada alarma salta ante el más mínimo indicio de tu presencia. Sé que no eres bueno para mi. No hasta que éste manojo en el que me he convertido tenga sentido.
Tú rostro cambia, tu voz cambia, tu nombre cambia, pero sigues siendo tú, siempre tú. Ese que se cruzó conmigo cuando era tan sólo una idea no concebida aún.
¿Cómo alejarme de lo que me es inherente?
Estas ahí y cada camino me lleva a ti, a cada una de tus facetas y todas me gustan, y me torturo por ello.
No es el destino, es sólo lo inevitable, tu y yo, porque no hay nada en él mundo que pueda soportar nuestras penas más que el otro.
No lucharé, no pelearé más, dejaré que me lleve la corriente al final, a ti. Y mientras disfrutaré de los tropiezos en las orillas de otras penas y otros brazos y otros sexos, y en cada una de tus imperfecciones encarnadas en otros tú, sin rendirme al vacío, sin remordimiento, sin pena y quizá, sin gloria.
1.15.2016
Torcida
Hoy mientras el viento acariciaba mi rostro
una imagen tuya llegó hasta mi,
así como una aparición,
como un fantasma del recuerdo
de días felices y tardes soleadas.
Fue sólo un suspiro,
un still de una película,
tan sólo un instante,
sólo una impresión
de un momento de otro tiempo.
Quise recordar los detalles de tu rostro,
el verde exacto de tus ojos,
el aroma de tu piel;
ese que tanto me empeñé en memorizar,
el tacto de tu cuerpo desnudo
contra el mío caliente.
Nada.
Simplemente esa imagen flotando
de una sonrisa pícara
y una barba ligera
rozando mis labios.
Ya lo sabía,
desde el momento en que te vi,
supe que no eras sino
otra invensión más
de mi dañado cerebro.
Tus imperfecciones tan particulares
encajaban tan bien con las mías,
tus monstruos ocultos
tan perdidos como los míos.
Tanta torcida perfección no podía ser real.
Y ahora que éste dañado cerebro
quiere volver a crearte,
le es imposible.
La perfección sólo puede ser momentánea,
incluso la más imperfecta.
una imagen tuya llegó hasta mi,
así como una aparición,
como un fantasma del recuerdo
de días felices y tardes soleadas.
Fue sólo un suspiro,
un still de una película,
tan sólo un instante,
sólo una impresión
de un momento de otro tiempo.
Quise recordar los detalles de tu rostro,
el verde exacto de tus ojos,
el aroma de tu piel;
ese que tanto me empeñé en memorizar,
el tacto de tu cuerpo desnudo
contra el mío caliente.
Nada.
Simplemente esa imagen flotando
de una sonrisa pícara
y una barba ligera
rozando mis labios.
Ya lo sabía,
desde el momento en que te vi,
supe que no eras sino
otra invensión más
de mi dañado cerebro.
Tus imperfecciones tan particulares
encajaban tan bien con las mías,
tus monstruos ocultos
tan perdidos como los míos.
Tanta torcida perfección no podía ser real.
Y ahora que éste dañado cerebro
quiere volver a crearte,
le es imposible.
La perfección sólo puede ser momentánea,
incluso la más imperfecta.
1.13.2016
Loop
Otra vez quiero gritar, llorar, patear, vomitar todo lo de dentro.
Todo se repite, de nuevo.
Todos los putos errores y horrores.
Estoy atrapada en el tiempo.
Sus brazos, que son los tuyos,
me arruyan, me mecen, me estrujan.
Sus labios, que son los tuyos,
me besan, me lamen, me nombran,
me suspiran.
Su sexo, que es el tuyo,
me penetra una y otra vez,
con la desesperación animal
que sólo puede entender
quien ha sentido la sed de piel y suspiros.
Y las sombras,
¡Oh las putas sombras!
La muerte que acecha en lo más minúsculo.
La he vuelto a cagar,
como siempre.
Y mi cuerpo, me vuelve a traicionar.
Todo se repite, sí,
sólo que esta vez
no terminaré tan bien parada.
Todo se repite, de nuevo.
Todos los putos errores y horrores.
Estoy atrapada en el tiempo.
Sus brazos, que son los tuyos,
me arruyan, me mecen, me estrujan.
Sus labios, que son los tuyos,
me besan, me lamen, me nombran,
me suspiran.
Su sexo, que es el tuyo,
me penetra una y otra vez,
con la desesperación animal
que sólo puede entender
quien ha sentido la sed de piel y suspiros.
Y las sombras,
¡Oh las putas sombras!
La muerte que acecha en lo más minúsculo.
La he vuelto a cagar,
como siempre.
Y mi cuerpo, me vuelve a traicionar.
Todo se repite, sí,
sólo que esta vez
no terminaré tan bien parada.
1.08.2016
Anticipación
Me siento en la orilla
De la cama
De mi vida
Del abismo.
Sólo soy una espectadora más
El tiempo me absorbe,
El hueco en mi interior
Apenas deja espacio para nada más.
Vuelvo a sumirme en el vacío,
La desesperación me cierra los ojos
En mi lecho de muerte.
Las sombras ganan terreno.
He muerto ya ¡Y yo sin saberlo!
De la cama
De mi vida
Del abismo.
Sólo soy una espectadora más
El tiempo me absorbe,
El hueco en mi interior
Apenas deja espacio para nada más.
Vuelvo a sumirme en el vacío,
La desesperación me cierra los ojos
En mi lecho de muerte.
Las sombras ganan terreno.
He muerto ya ¡Y yo sin saberlo!
1.07.2016
De nuevo
En espera del cielo o el infierno.
La calma pesa y absorbe.
La conciencia grita en vano.
Sólo escucho tu nombre.
Sólo queda por hacer
Lo que nadie quiere,
Olvidar que somos
y no seremos más.
En el espacio y el tiempo
Hemos de perder la identidad,
El coraje y el calor.
La verdad nunca fue más relativa
Ni los sueños más imposibles,
Más violentos e irascibles.
¿Dónde estás?
La calma pesa y absorbe.
La conciencia grita en vano.
Sólo escucho tu nombre.
Sólo queda por hacer
Lo que nadie quiere,
Olvidar que somos
y no seremos más.
En el espacio y el tiempo
Hemos de perder la identidad,
El coraje y el calor.
La verdad nunca fue más relativa
Ni los sueños más imposibles,
Más violentos e irascibles.
¿Dónde estás?
1.06.2016
Suficiente
Soy lo que nadie busca.
Nunca soy suficiente
Y de nuevo el castigo por ser.
He vuelto a fallar la prueba.
¿por qué?
¿Por qué las mentiras?
¿Las dulces palabras vacías?
Sigo sin ser suficiente.
Sigo navegando a la deriva
A través de estos interminables días.
No puedo ser más de lo que soy
Y nunca es suficiente.
Simplemente, no puedo más.
Nunca soy suficiente
Y de nuevo el castigo por ser.
He vuelto a fallar la prueba.
¿por qué?
¿Por qué las mentiras?
¿Las dulces palabras vacías?
Sigo sin ser suficiente.
Sigo navegando a la deriva
A través de estos interminables días.
No puedo ser más de lo que soy
Y nunca es suficiente.
Simplemente, no puedo más.
12.11.2015
A sólo tres horas
Tu voz anunciaba el momento,
el tormento de tus brazos oprimiendo mi pena.
Sonreí por primera vez en días, años, en toda la eternidad.
De nuevo cayendo presa de las virtualidades, ¡fatal!
El temblor de las notas pronunciadas con anhelo
despertó las ansias del roce de mis penas con las tuyas.
No hay mejor manera de estar sola, que estar sola contigo,
¿Me puedo permitir no llorar por un momento?
Tus palabras en mi oído,
como en un sueño,
como la penumbra,
guiando mi camino hacia la luz,
¿Será, acaso, suficiente?
Anticipo desde ahora ese momento,
aunque el miedo me consuma
casi tanto como el deseo.
¡Oh futuro incierto!
No me castigues una vez más.
Escucha las súplicas
de esta que llora.
Sólo quiero respirar.
el tormento de tus brazos oprimiendo mi pena.
Sonreí por primera vez en días, años, en toda la eternidad.
De nuevo cayendo presa de las virtualidades, ¡fatal!
El temblor de las notas pronunciadas con anhelo
despertó las ansias del roce de mis penas con las tuyas.
No hay mejor manera de estar sola, que estar sola contigo,
¿Me puedo permitir no llorar por un momento?
Tus palabras en mi oído,
como en un sueño,
como la penumbra,
guiando mi camino hacia la luz,
¿Será, acaso, suficiente?
Anticipo desde ahora ese momento,
aunque el miedo me consuma
casi tanto como el deseo.
¡Oh futuro incierto!
No me castigues una vez más.
Escucha las súplicas
de esta que llora.
Sólo quiero respirar.
12.08.2015
Limbo
Qué queda por decir.
Qué importa el tiempo y el deseo.
Nada, no queda nada.
Ni espacio, ni aire, ni cielo.
Sólo silencio.
¿Esperanza?
La luz se vislumbra a los lejos,
lejana y pequeña,
inutil aún.
Tengo miedo a lo que hay fuera.
Tengo pavor a lo que hay dentro.
El grito que desgarra mis neuronas,
que se apaga en mi garganta,
que se cuela por mis ojos y fluye,
ese grito que recuerda tu nombre,
es lo que me infla y me desinfla a su antojo.
Silencio,
sólo silencio
en la vastedad de mi hélido infierno.
Qué importa el tiempo y el deseo.
Nada, no queda nada.
Ni espacio, ni aire, ni cielo.
Sólo silencio.
¿Esperanza?
La luz se vislumbra a los lejos,
lejana y pequeña,
inutil aún.
Tengo miedo a lo que hay fuera.
Tengo pavor a lo que hay dentro.
El grito que desgarra mis neuronas,
que se apaga en mi garganta,
que se cuela por mis ojos y fluye,
ese grito que recuerda tu nombre,
es lo que me infla y me desinfla a su antojo.
Silencio,
sólo silencio
en la vastedad de mi hélido infierno.
5.30.2015
A su recuerdo.
-->
No quiero
olvidarle. Cierro los ojos y por más grande que sea mi esfuerzo, los detalles
de su rostro se me presentan borrosos, poco nítidos; como si le viese a través
de un cristal sucio. Pienso en aquellas características que le hacían quien
era, pero no estoy segura de si le hago justicia o es el hecho de embellecer su
recuerdo lo que me mueve. Ha pasado poco más de un mes sin volver a ver su
rostro, oler su perfume o escuchar su voz y siento como si hubieran pasado
décadas, siglos, todo el tiempo del mundo. Ni siquiera los dos años que viví
lejos me parecieron tan pesados.
Anoche le volví a soñar, esta vez volví a ser conciente en mi
sueño de que ya había fallecido y de nuevo lloré como en mi más tierna
infancia. Le quería cerca, le quería rodeando mi cuerpo, protegiéndome como
siempre, a su manera, lo hizo.
En la mañanas siguientes a esos sueños es más difícil mover
el cuerpo, no queda energía siquiera para abrir los ojos; energía, necesidad o
deseo. En esas mañanas sólo quisiera yacer todo el día, perdiendo las horas y
la existencia. Sé que no le haría ningún honor a su recuerdo, a su persona y es
lo que me mueve a levantarme e iniciar el día. No ayuda mucho que no haya una
razón de peso para salir de la cama: No tengo empleo que me urja en las mañanas,
pareja o hijos que necesiten de mi para iniciar su día. No, nadie. Si no fuera
por mi perro, nadie realmente necesitaría de mi para seguir adelante, al menos
no como yo le necesito todos los días.
Hace unos días caminaba por la cocina y me pareció reconocer
su olor, el olor de su aliento; sé que mi cerebro me engaña; no creo en esas
cosas y aún si lo creyera, no tendría razón alguna para seguir vagando por
aquí.
Con su partida, ha muerto una gran parte de mi. Gracias a su
dolor sigo con vida: hace un año cuando el cáncer estaba en su peor momento y
yo había decidido dejar todo y morir en paz; fueron sus lágrimas las que me
hicieron seguir adelante, tragarme mi propio llanto, mi dolor y mi
desesperación; todo por no verle sufrir, porque en el fondo su esperanza fuera
suficiente para sacarnos adelante… y así fue. Hoy sigo con vida, yo que no
tenía nada a qué quedarme. Eso me enoja, me enfurece, ¿Por qué me ha hecho
esto?, ¿Por qué me hizo quedarme para irse sólo un par de meses después de que
me declararan en remisión?. La vida simplemente no es justa.
Se ha ido y una conexión con el mundo también. No sé como ser
parte de la vida de las personas, es como si se hubiera roto un lazo fino que
me ataba con la vida, con la realidad. Con su muerte, es como si hubiera
perdido el rumbo y las razones de seguir, he perdido el ancla que me mantenía
aquí; voy flotando por los días, así sin más.
No quiero que su muerte haya sido en vano, pues son conciente
de que mi enfermedad le robó años de vida. Quisiera vivir cada al máximo en su
memoria, pero no sé cómo. A veces sólo quisiera morir, si, haber muerto en su
lugar. Alguien tan preciado tendría que seguir con vida, alguien a quien se le
necesita tanto y se le ama aún más.
Ni cuando me dijeron que tenía cáncer pregunté al cielo
porqué, hoy sí lo hago: ¿Por qué tendría que morir?, aún era joven, tenía
sueños, esperanzas y planes, incluso más que yo. Sé que no quería morir,
estando a su lado y viendo su rostro pude darme cuenta de que ni siquiera veía
a la muerte como una opción, estaba luchando con todas sus fuerzas. Me fue
arrebatado de mis brazos lo más precioso de mi vida, y no pude hacer nada. De
nada valieron mis llantos, mis gritos ni mis súplicas, no hubo quien escuchara.
Y sigo sin perdonarme que mis últimas palabras hayan sido “Trata de dormir,
descansa”. No me fue permitido ni si quiera un “Te amo”.
Así que no, no puedo creer que exista un Dios que sea capaz
de inflingir tanto dolor en una persona sólo para mostrar su fortaleza, porque
de ser así, Dios es un hijo de puta muy sádico que ha disfrutado de torturarme
toda mi vida y no descansara hasta que me lleve a la locura, lo cual, no está
lejos.
Aún me niego a aceptar que se ha ido, incluso en mis sueños
más angustiantes donde le veo tocarse el pecho al tiempo que su rostro dibuja
un rictus de dolor. Me digo que no es posible el tiempo que mi cabeza se mueve
de forma negativa en automático.
No quiero olvidarle, aún así lo más elemental de su persona
elude mi recuerdo: su rostro serio, su sonrisa arqueada hacia abajo, su olor
sutil, su voz.
Que me perdone la vida, pero ya no quiero vivirla pues ya no
tiene sentido. Que me perdone la gente que aun queda que me guarda algo de
cariño, pero ninguno es lo suficiente en mi corazón para desear quedarme.
Hoy no es domingo, no lo fue ayer ni lo será mañana, aún así
ya ningún día me doy cuerda.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Astronauta (Canción infantil) Estrofa 1 Por el cielo, voy a volar, a volar entre estrellas, quiero viajar, quiero viajar. La luna bril...
-
La recomendación musical, un poco atrasada confieso, que les presentó el día de hoy es, para muchos, desconocida, una mujer con excelente ta...
-
Maruca mira por la ventana del cuartucho que comparte con otras nueve niñas, hace más de una año que la trajeron aquí; cuándo s...