5.27.2014
Probando
Pues mi caracter se me antoja caprichoso y (como dice el post anterior) tormentoso (de tormenta, no de atormentado, si es que se pueden separar ambas), por lo que he decidido cambiar la vista del blog. Esperemos que funcione y que mis dos o tres lectores que aún quedan, lo disfruten.
6 y 1/5
Mientras se dispone usted a leer las siguientes líneas, le ruego que vaya al vínculo y escuche la "6 y un quinto".
Ya, de nuevo el cielo muestra su rostro (mi favorito), más gris. Amenza con tormenta, los truenos hacen vibrar mis ventanas y mi alma. Tiempo atrás hubiera sentido miedo, hubiera querido correr a los brazos de mi deseo. Tiempor atrás hubiera escondido mi ser en el rincón más seguro y vacío de esta casa. Tiempo atrás hubiera pensado que la tormenta estallaba dentro y no fuera.
Ahora estoy segura que es así, la tormenta que temía no era la externa, era la tormenta de mis adentros. Los remolinos de mi estómago, las nubes blancas de mi cabeza, los relampagos de mi corazón, la lluvia de mis piernas, el viento detrás de mis ojos; todo es parte de lo que soy, soy yo, esa fuerza destructora que tanto tiempo he querido contener y que ahora me consume. Tenía miedo de la fuerza y la pasión en mi. Estúpidamente quiser ser como todo el mundo cuando el mundo no es nada. El tiempo no existe, el amor perece, la esperanza se pierde, la razón enloquece y todos morimos. Sólo queda el ahora y aquello que nos ata a este momento determinado, lo que vemos, lo que olemos, oímos o escuchamos, pero sobre todo lo que sentimos. Esta tormenta se preprara para arrazar con lo que hay dentro y con lo que hay fuera y está vez no pienso detenerla, que destruya si es necesario, que se formen ríos, lagos, lagunas y mares. ¡Que se viertan mis entrañas por el mundo! No lo pienso detener. Esta vez me dejaré llevar con el ritmo de la lluvia, bailaré entre tornados y dormiré cuando se haya liberado la última gota de mi.
¡Que sea el mundo para mi y yo para él, hasta que uno termine con el otro!
Ya, de nuevo el cielo muestra su rostro (mi favorito), más gris. Amenza con tormenta, los truenos hacen vibrar mis ventanas y mi alma. Tiempo atrás hubiera sentido miedo, hubiera querido correr a los brazos de mi deseo. Tiempor atrás hubiera escondido mi ser en el rincón más seguro y vacío de esta casa. Tiempo atrás hubiera pensado que la tormenta estallaba dentro y no fuera.
Ahora estoy segura que es así, la tormenta que temía no era la externa, era la tormenta de mis adentros. Los remolinos de mi estómago, las nubes blancas de mi cabeza, los relampagos de mi corazón, la lluvia de mis piernas, el viento detrás de mis ojos; todo es parte de lo que soy, soy yo, esa fuerza destructora que tanto tiempo he querido contener y que ahora me consume. Tenía miedo de la fuerza y la pasión en mi. Estúpidamente quiser ser como todo el mundo cuando el mundo no es nada. El tiempo no existe, el amor perece, la esperanza se pierde, la razón enloquece y todos morimos. Sólo queda el ahora y aquello que nos ata a este momento determinado, lo que vemos, lo que olemos, oímos o escuchamos, pero sobre todo lo que sentimos. Esta tormenta se preprara para arrazar con lo que hay dentro y con lo que hay fuera y está vez no pienso detenerla, que destruya si es necesario, que se formen ríos, lagos, lagunas y mares. ¡Que se viertan mis entrañas por el mundo! No lo pienso detener. Esta vez me dejaré llevar con el ritmo de la lluvia, bailaré entre tornados y dormiré cuando se haya liberado la última gota de mi.
¡Que sea el mundo para mi y yo para él, hasta que uno termine con el otro!
5.25.2014
10 Mitos sobre el Cáncer
Este post ha sido mudado a la siguiente dirección.
10 Mitos sobre el Cáncer
Lamento los inconvenientes.
10 Mitos sobre el Cáncer
Lamento los inconvenientes.
Las razones de esconderse
Me he escondido entre letras ajenas y notas deprimentes, entre espacios virtuales e imágenes de colores, me he evadido de reconocer que mis errores me han llevado al límite, que he sentido el deseo de alzar el vuelvo, de saltar al vació, de dormir y no despertar. Me he preguntado qué vale la pena de vivir y qué vale la pena de morir, es acaso el amor, el dolor; es acaso la soledad o qué. No lo sé, es por eso que me he quedado en medio, aún no sé bien que me detiene de abrir la ventana y salir volando o que ha servido de peso para mantener mis pies en el piso. Creo, es solo mi maldito vouyerismo, la curiosidad de saber que pasará, no hay otra razón para permanecer, tampoco es que las haya para irse, el deseo de volar no es tan grande porque es efímero. Ya no tengo miedo, pero sí muchas dudas, ¿será qué cuando las responda será todo?...
¿Cómo comenzó todo? No sé, me perdí, rebobinemos, ayer, cuando salí al balcón y vi como los carros pasaban uno tras otro, dejando estelas rojas y blancas tras de sí en el asfalto mojado, como gusanitos incandescentes, sí, fue cuando sentí ganas de alcanzarlos, de volar hasta ellos, de convertirme en uno...
¿Cómo comenzó todo? No sé, me perdí, rebobinemos, ayer, cuando salí al balcón y vi como los carros pasaban uno tras otro, dejando estelas rojas y blancas tras de sí en el asfalto mojado, como gusanitos incandescentes, sí, fue cuando sentí ganas de alcanzarlos, de volar hasta ellos, de convertirme en uno...
Egoista
Son tantas las batallas que se libran en estos momentos,
personas muriendo por razones equivocadas, futuros debatiéndose en las
manos del criminal y yo, egoísta, centrada en la batalla que mi cuerpo
ha emprendido contra suyo; miserables minúsculos de materia que
decidieron mutar y atacar a su huesped, a mi.
La primera noche
Él pidió entrar, ella no le esperaba aquella noche. Hacía tan sólo unas horas que eran dos completos desconocidos. Tantos años buscando esperanzas en las frías líneas virtuales. Mares y mares de carácteres negros sobre un desierto blanco. Noches enteras en vela esperando por un milagro que hiciera el tiempo menos doloroso o la distancia más soportable y nada, sólo el mismo sonido de siempre de las uñas al chocar contra las teclas del computador. Y ahora por fin, después de largos seis años estaban los dos en el mismo estado, en la misma ciudad, bajo el mismo techo y en la misma habitación; él de pie en el marco de la puerta, ella semi desnuda en la cama; él pidiendo posada, ella esperando que el sueño terminara como tantas veces había sucedido en el pasado. Pero está vez no iba a despertar, él estaba ahí pidiendole entrar en su recamara, en su cama, en su vida. Ella simplemento dijo sí, no había nada más que decir, no eran necesarias más palabras.
La noche fue eterna, ínfinitos reducidos a besos y caricias.
La mañana llegó trayendo consigo la conciencia, la realidad y la muerte. Nada podía detener lo que comia día a día los suspiros de ella y en menos de un mes ya no quedó nada.
Sus infínitos se fueron con ella, el tiempo se detuvo para él. El sentido dejó de ser y los años sólo fueron un segundo en espera de volver a estar con ella.
En la mentira encontró la verdad, en el miedo la soledad, en el tiempo el vacío, en sus brazos a sí mismo.
La noche fue eterna, ínfinitos reducidos a besos y caricias.
La mañana llegó trayendo consigo la conciencia, la realidad y la muerte. Nada podía detener lo que comia día a día los suspiros de ella y en menos de un mes ya no quedó nada.
Sus infínitos se fueron con ella, el tiempo se detuvo para él. El sentido dejó de ser y los años sólo fueron un segundo en espera de volver a estar con ella.
En la mentira encontró la verdad, en el miedo la soledad, en el tiempo el vacío, en sus brazos a sí mismo.
Anarchy
La guerra estalla en todos lados
la gente levanta nubes grise
en sus rostros la agonía
en sus voces la furia antes contenida
que estalla como los fusiles de la ley
el mundo que conocemos desaparece
y yo aquí, esperando, soñando
llorando el futuro que perdí...
la gente levanta nubes grise
en sus rostros la agonía
en sus voces la furia antes contenida
que estalla como los fusiles de la ley
el mundo que conocemos desaparece
y yo aquí, esperando, soñando
llorando el futuro que perdí...
2.03.2014
Doom
He intentado pensarte, he
intentado capturar tu esencia en la virtualidad de estas señales eléctricas,
pero me elude lo más básico de tu persona, el secreto que guarda tu ser escapa
de mis manos, de mi cabeza. Justo cuando pienso que comienzo a descifrarte me
encuentro con que no sé nada de ti, nada que valga la pena decirse, nada que me
diga exactamente quién eres más allá de un ser humano.
Vagas ideas acuden a mi mente en
un intento por aprisionarte en el ciberespacio, pero al instante me parecen
ridículas e improbables, no sé si es en verdad que eres todo un enigma o es
simplemente mi incapacidad para ver más allá de lo aparente; tal vez es que ya
no soy capaz de leer entre líneas y me he quedado en la superficie, quizá por
decisión propia, por miedo a sondear las profundidades de un alma que se me
antoja llena de tribulaciones y claros de bosque llenos de paz; a lo mejor es
sólo que teorizo demasiado y quiero encontrar misterios donde no hay más que un
ser sin máscaras.
He evocado mi lado más sensual
para atraparte entre mis piernas, en mi sexo húmedo y en mis ganas, pero no he
tenido éxito; he buscado esa ternura que dedicas a seres más puros e
indefensos, pero ese lado tuyo parece reservado a ellos. He probado ese lado
pícaro y travieso, desafiante e independiente, pero aunque parece despertar tu interés,
éste se esfuma tan rápido como llega y al final me queda la incógnita de qué es
lo que te mantiene unido a esta persona que no conoces más allá de las simples
palabras dichas en momentos indeterminados.
¿Cómo hacer uso correcto de las
letras?, ¿cómo crear oraciones justas?, ¿cómo pensar historias incongruentes y
deliciosamente perturbantes cuando no puedo describir lo más básico de ti?, aún
cuando los minutos se hacen horas y las horas noches enteras, sigues escapando
a mi.
Y entonces la duda me envuelve, la
certidumbre se derrumba dando paso a las suposiciones, a las expectativas, a
las ideas de lo que será y entonces las migajas que encuentro en los
microespacios del ciberespacio me muestran más de lo que quisiera conocer y
pienso que tal vez la compatibilidad no es tal y me pregunto si eso será un acierto
o si por el contrario una razón para jamás terminar de saberte.
No, no puedo escribir ficciones
que tengan como personaje principal a tu persona, pues la idea de que no agrade
a nadie más que a mi me lo impide.
Lo siento, nada más sincero ni más
ficticio puedo decir.
6.29.2012
Lo que no debe ser nombrado
Pues ésta es una historia que me contó un tío abuelo el día que lo conocí.
Me contó que en su pueblo natal, conocido como "El rincón" en el estado de Veracruz (México), todas las noches se escuchaban unos gritos horribles, tan espantosos que nadie se atrevía a salir de noche; estos gritos recorrían el pequeño pueblo, erizando los cabellos de cualquiera que lo escuchara y siempre era el mismo camino, los gritos nacían en el viejo riachuelo, pasando por la calle principal para perderse en el camino que da a "La orilla" el pueblo más cercano, que además le da nombre a "El rincón".
Era tanto el espanto que la gente del pueblo se juntó en la iglesia para tomar cartas en el asunto, pues tenían miedo de que aquello que se lamentaba todas las noches fuera la tan temida llorona y que se comenzara a llevar a los niños; así que después de mucho deliberar decidieron que se tenía que poner una gran cruz a la mitad del camino de aquella abominación, para que así no le dieron ganas de regresar jamás al pueblo, el problema es que nadie quiería ser el valiente que se arriesgara a poner la cruz, pensando que tal vez aquel ser podía tomar venganza y llevarse a uno de sus hijos y fue precisamente el miedo de perder a su primogenito lo que llevó a mi tío abuelo a ofrecerse como voluntario. Es así como, con ayuda de mi abuelo, se dispuso a poner la cruz, una cruz tan grande que uno sólo no podía cargarla y tan larga que tuvieron que cavar todo el día para poder ponerla en su lugar, cuando por fin habían terminado se dieron cuenta que la noche les había caído encima; temerosos comenzaron a levantar su herramienta, el temor porque aquello los encontrara no les permitía concentrarse, ninguno se miraba, pues estaban apurados recogiendo las palas y los zapapicos; fue cuando a los lejos, justo dónde nacía el río, escucharon el primer aullido; por un momento se quedaron petrificados, no sabían que hacer; ya la herramienta no importaba, ni siquiera pensaron en apagar el fuego que habían encendido horas antes para que les sirviera como luz y calor, pues esa noche era especialmente fría en el pueblo, donde de por sí las noches son gélidas; cuando pudieron salir de su estupor, los lamentos estaban cerca, muy cerca, ninguno tendría oportunidad de llegar a su casa y lo único que pudieron hacer fue subirse a un árbol que estaba justo a un lado de donde habían puesto la gran cruz. Ahí titirtando de miedo y frío pudieron ver a lo lejos la silueta de una mujer vestida completamente de blanco, con el cabello negro como la noche, lacio y largo, enmarañado; ella era blanca, casi tan blanca como el vestido y cuando estubo más cerca pudieron ver que era hermosa, sus ojos eran grandes y tristes; la mujer se detubo justo debajo de ellos, frente al fuego, se calento las manos por un par de segundo, no decía palabra, ni siquiera se percato de que ellos la observaban desde el árbol, no podían creer lo que veían, no era el horror que esperaban, la mujer yacía a sus pies como cualquier otra mujer, buscando el refugio del fuego y sin que se lo esperaran habló: "¡Que frío hace esta noche!", su voz era melódica, casi hipnotizante, tanto que estuvieron a punto de bajar para estar con ella, para ofrecerle ayuda, fue justo en ese momento cuando volvieron a escuchar aquellos gémidos de ultratumba un calle más arriba; la mujer se tenso y dijo al tiempo que miraba de reojo hacia las ramas del árbol: "¡Ahí viene lo que no debe ser nombrado, me está dando alcance y yo tan cansada!"; cuando mi tío abuelo y mi abuelo vieron sus ojos se aterrorizaron, eran de un negro profundo, vacíos. La mujer siguió caminando y se perdió entre las casas, mientras desde el otro lado de la calle una gran bestía se abría camino entre las sombras, con ojos rojos como el fuego mismo, era una bestia enorme, parecida a un toro pero descomunal, la bestia bufaba y gruñía y de tanto en tanto soltaba aquellos alaridos tremendos y cuando hubo llegado a la fogata, el toro se enloqueció, arremtió contra el fuego hasta apagarlo, casi tira la cruz y el árbol en su frenesí, los pobres hombres que ya apenas se podían sostener de las ramas del árbol no podían creer lo que veían, no sabían si era verdad o un sueño y poco faltaba para que cayeran presas del pánico. Justo cuando mi tío abuelo estaba por caer del árbol por las embestidas de la bestia, se escucho a los lejos un solloso, un quejido sordo de una mujer, un lastimero ¡Ay mis hijos! que hizo que los dos hombres se estremecieran aún más, inmediatamente la bestia dejó en paz el arbol, la cruz y la fogata para ir en dirección de los quejidos, bufando de tando en tanto mientras se alejaba. Después de un par de horas que parecieron una eternidad, mi tío abuelo y mi abuelo decidieron bajar del árbol para irse a sus casas, aún con miedo de que ambos espectros regresaran.
Al día siguiente la gente se junto en la Iglesia, pues todo el pueblo había escuchado la conmoción de la noche anterior: los jóvenes contaron lo ocurrido y el pueblo entero entró en estado de shock; la gente inmediatamente se fue a su casas y no salió en el resto del día; cuando cayó la noche todo estaba en calma, no se escuchaba un sólo ruído, ni había lámparas prendidas en las casas; la gente no dormía, al contrario, estaba en espera de los gritos y los lamentos, los hombres se habían aprevenido con sus machetes y sus fusiles aquellos afortunados que poseían uno; esperaron toda la noche porque aquellos dos fantasmas salieran del río; pero la espera fue en vano, ni la mujer ni la bestia aparecieron por ahí, ni esa noche ni la siguiente, ni la que le siguió a esa. Poco a poco la vida volvió a la normalidad, pasaron los años, los ancianos fueron muriendo, los jóvenes, envejeciendo y poco a poco la historia fue olvidada, recordada unicamente por los jóvenes que vivieron esa noche en carne propia, y hace un mes murió el último de ellos, ahora ya no queda en el pueblo nadie que sepa la historia de "Lo que no debe ser nombrado".
Me contó que en su pueblo natal, conocido como "El rincón" en el estado de Veracruz (México), todas las noches se escuchaban unos gritos horribles, tan espantosos que nadie se atrevía a salir de noche; estos gritos recorrían el pequeño pueblo, erizando los cabellos de cualquiera que lo escuchara y siempre era el mismo camino, los gritos nacían en el viejo riachuelo, pasando por la calle principal para perderse en el camino que da a "La orilla" el pueblo más cercano, que además le da nombre a "El rincón".
Era tanto el espanto que la gente del pueblo se juntó en la iglesia para tomar cartas en el asunto, pues tenían miedo de que aquello que se lamentaba todas las noches fuera la tan temida llorona y que se comenzara a llevar a los niños; así que después de mucho deliberar decidieron que se tenía que poner una gran cruz a la mitad del camino de aquella abominación, para que así no le dieron ganas de regresar jamás al pueblo, el problema es que nadie quiería ser el valiente que se arriesgara a poner la cruz, pensando que tal vez aquel ser podía tomar venganza y llevarse a uno de sus hijos y fue precisamente el miedo de perder a su primogenito lo que llevó a mi tío abuelo a ofrecerse como voluntario. Es así como, con ayuda de mi abuelo, se dispuso a poner la cruz, una cruz tan grande que uno sólo no podía cargarla y tan larga que tuvieron que cavar todo el día para poder ponerla en su lugar, cuando por fin habían terminado se dieron cuenta que la noche les había caído encima; temerosos comenzaron a levantar su herramienta, el temor porque aquello los encontrara no les permitía concentrarse, ninguno se miraba, pues estaban apurados recogiendo las palas y los zapapicos; fue cuando a los lejos, justo dónde nacía el río, escucharon el primer aullido; por un momento se quedaron petrificados, no sabían que hacer; ya la herramienta no importaba, ni siquiera pensaron en apagar el fuego que habían encendido horas antes para que les sirviera como luz y calor, pues esa noche era especialmente fría en el pueblo, donde de por sí las noches son gélidas; cuando pudieron salir de su estupor, los lamentos estaban cerca, muy cerca, ninguno tendría oportunidad de llegar a su casa y lo único que pudieron hacer fue subirse a un árbol que estaba justo a un lado de donde habían puesto la gran cruz. Ahí titirtando de miedo y frío pudieron ver a lo lejos la silueta de una mujer vestida completamente de blanco, con el cabello negro como la noche, lacio y largo, enmarañado; ella era blanca, casi tan blanca como el vestido y cuando estubo más cerca pudieron ver que era hermosa, sus ojos eran grandes y tristes; la mujer se detubo justo debajo de ellos, frente al fuego, se calento las manos por un par de segundo, no decía palabra, ni siquiera se percato de que ellos la observaban desde el árbol, no podían creer lo que veían, no era el horror que esperaban, la mujer yacía a sus pies como cualquier otra mujer, buscando el refugio del fuego y sin que se lo esperaran habló: "¡Que frío hace esta noche!", su voz era melódica, casi hipnotizante, tanto que estuvieron a punto de bajar para estar con ella, para ofrecerle ayuda, fue justo en ese momento cuando volvieron a escuchar aquellos gémidos de ultratumba un calle más arriba; la mujer se tenso y dijo al tiempo que miraba de reojo hacia las ramas del árbol: "¡Ahí viene lo que no debe ser nombrado, me está dando alcance y yo tan cansada!"; cuando mi tío abuelo y mi abuelo vieron sus ojos se aterrorizaron, eran de un negro profundo, vacíos. La mujer siguió caminando y se perdió entre las casas, mientras desde el otro lado de la calle una gran bestía se abría camino entre las sombras, con ojos rojos como el fuego mismo, era una bestia enorme, parecida a un toro pero descomunal, la bestia bufaba y gruñía y de tanto en tanto soltaba aquellos alaridos tremendos y cuando hubo llegado a la fogata, el toro se enloqueció, arremtió contra el fuego hasta apagarlo, casi tira la cruz y el árbol en su frenesí, los pobres hombres que ya apenas se podían sostener de las ramas del árbol no podían creer lo que veían, no sabían si era verdad o un sueño y poco faltaba para que cayeran presas del pánico. Justo cuando mi tío abuelo estaba por caer del árbol por las embestidas de la bestia, se escucho a los lejos un solloso, un quejido sordo de una mujer, un lastimero ¡Ay mis hijos! que hizo que los dos hombres se estremecieran aún más, inmediatamente la bestia dejó en paz el arbol, la cruz y la fogata para ir en dirección de los quejidos, bufando de tando en tanto mientras se alejaba. Después de un par de horas que parecieron una eternidad, mi tío abuelo y mi abuelo decidieron bajar del árbol para irse a sus casas, aún con miedo de que ambos espectros regresaran.
Al día siguiente la gente se junto en la Iglesia, pues todo el pueblo había escuchado la conmoción de la noche anterior: los jóvenes contaron lo ocurrido y el pueblo entero entró en estado de shock; la gente inmediatamente se fue a su casas y no salió en el resto del día; cuando cayó la noche todo estaba en calma, no se escuchaba un sólo ruído, ni había lámparas prendidas en las casas; la gente no dormía, al contrario, estaba en espera de los gritos y los lamentos, los hombres se habían aprevenido con sus machetes y sus fusiles aquellos afortunados que poseían uno; esperaron toda la noche porque aquellos dos fantasmas salieran del río; pero la espera fue en vano, ni la mujer ni la bestia aparecieron por ahí, ni esa noche ni la siguiente, ni la que le siguió a esa. Poco a poco la vida volvió a la normalidad, pasaron los años, los ancianos fueron muriendo, los jóvenes, envejeciendo y poco a poco la historia fue olvidada, recordada unicamente por los jóvenes que vivieron esa noche en carne propia, y hace un mes murió el último de ellos, ahora ya no queda en el pueblo nadie que sepa la historia de "Lo que no debe ser nombrado".
6.16.2012
Así tenía que ser
Prometí darte todo, pero sólo pude darte lo que tuve: errores, problemas, tristezas... yo.
Prometí alguna vez amarte para siempre ¿Te acuerdas?, me dijiste que sonaba demasiado bonito para ser verdad... hasta ahora he cumplido mi promesa, incluso cuando me juré que no era cierto, que el amor se me había escapado por los poros, que estaba perdido, que había muerto; a pesar del tiempo, de la distancia, de los rencores, de los amores; sigue aquí, sigue conmino, sigue contigo.
Prometí darte todo, pero sólo puede darte lo que tuve, a mi, y no fue suficiente, y hoy lo que tengo sigue siendo lo mismo, sólo yo, un poco más vieja, cansada y creo que menos sabia, pues sigo esperando que me quieras, estúpidamente, sigo esperando que cantes mi nombre, y sólo hay silencio.
Estoy harta.
Prometí alguna vez amarte para siempre ¿Te acuerdas?, me dijiste que sonaba demasiado bonito para ser verdad... hasta ahora he cumplido mi promesa, incluso cuando me juré que no era cierto, que el amor se me había escapado por los poros, que estaba perdido, que había muerto; a pesar del tiempo, de la distancia, de los rencores, de los amores; sigue aquí, sigue conmino, sigue contigo.
Prometí darte todo, pero sólo puede darte lo que tuve, a mi, y no fue suficiente, y hoy lo que tengo sigue siendo lo mismo, sólo yo, un poco más vieja, cansada y creo que menos sabia, pues sigo esperando que me quieras, estúpidamente, sigo esperando que cantes mi nombre, y sólo hay silencio.
Estoy harta.
Sueño
Sueño divino, tesoro perdido,
que en las noches huyes de mis brazos,
que los muertos palidecen en la espera de la arena de tu tiempo.
Gozo prohibido el tenerte en mi brazos
y los suyos mediante tu cuerpo.
Sueño amado, descanso perdido,
augurios de tormenta y llantos,
de muerte, de amor y de pérdida,
corazón desolado que siente cansancio.
Súplica al yerto que llora cenizas,
se pierde y siembra penumbras siniestras.
Amor de mi muerte, dulzura, mentira, celos y desesperanza.
Te amo, me amas y nada pasa.
que en las noches huyes de mis brazos,
que los muertos palidecen en la espera de la arena de tu tiempo.
Gozo prohibido el tenerte en mi brazos
y los suyos mediante tu cuerpo.
Sueño amado, descanso perdido,
augurios de tormenta y llantos,
de muerte, de amor y de pérdida,
corazón desolado que siente cansancio.
Súplica al yerto que llora cenizas,
se pierde y siembra penumbras siniestras.
Amor de mi muerte, dulzura, mentira, celos y desesperanza.
Te amo, me amas y nada pasa.
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