Silencio,
ya todo está en calma,
el aire está denso,
los cirios se extinguen,
los velos cubren rostros,
los llantos se ahogan,
la tierra que cae,
el cielo que ennegrece,
el silencio que ensordece.
Silencio,
ya no queda más que este espacio,
el suave satín como el vientre materno,
será el lugar de descanso.
Silencio y ausencia.
Silencio y dolor.
Silencio y amor.
Sólo silencio.
Ya todo acabó
8.02.2011
8.01.2011
Día cuatro: Despedida
Este escrito está dedicado a la memoria de mi querido tío Vicente, a mi madre y todos aquellos seres queridos que se han ido.
Hoy no hay tiempo para el amor o el sexo, este día es día de muertos, adioses y olvidos, hoy me despido de ti, después de pocos o muchos años, ya no sé; hoy tu muerte me trae recuerdos y miedos, penas y soledades pasadas y futuras. Hace días esperaba este momento, jamás pensé que me afectaría como lo hace, jamás pensé que pensaría lo que pienso. Es ella, la que más me preocupa, es su muerte prematura la que me afecta, no quiero que se vaya, no quiero que su sangre se seque, no quiero olvidarle, no quiero sufrirla. Meses atrás fue la misma sangre que corrió por tus venas y que corre en las de ella, la que se fue, la que regresó a la tierra, la misma sangre que ahora te lleva. Te lo ruego, te lo suplico como jamás he suplicado antes, no te la lleves, no aún, no ahora, has como años atras hicieron su padre, su madre y su única hermana: olvidala con la muerte.
Madre: no sucumbas al llamado de los que han muerto, nos busques aún el sepulcro, quédate conmigo un poco más y más que eso; sé que soy egoista y no es tu dolor en el que pienso, sino en el mío si te vas, pero te juro que si te quedas, seré el bálsamo que alivie tu penar, sólo dame tiempo, dame la oportunidad de ser la hija que mereces y darte lo que te he prometido. Dame tiempo madre. Dame tiempo Dios, si es que existe, dame tiempo muerte. Dame tiempo, tiempo.
Q.E.P.D. V.R.S.
Hoy no hay tiempo para el amor o el sexo, este día es día de muertos, adioses y olvidos, hoy me despido de ti, después de pocos o muchos años, ya no sé; hoy tu muerte me trae recuerdos y miedos, penas y soledades pasadas y futuras. Hace días esperaba este momento, jamás pensé que me afectaría como lo hace, jamás pensé que pensaría lo que pienso. Es ella, la que más me preocupa, es su muerte prematura la que me afecta, no quiero que se vaya, no quiero que su sangre se seque, no quiero olvidarle, no quiero sufrirla. Meses atrás fue la misma sangre que corrió por tus venas y que corre en las de ella, la que se fue, la que regresó a la tierra, la misma sangre que ahora te lleva. Te lo ruego, te lo suplico como jamás he suplicado antes, no te la lleves, no aún, no ahora, has como años atras hicieron su padre, su madre y su única hermana: olvidala con la muerte.
Madre: no sucumbas al llamado de los que han muerto, nos busques aún el sepulcro, quédate conmigo un poco más y más que eso; sé que soy egoista y no es tu dolor en el que pienso, sino en el mío si te vas, pero te juro que si te quedas, seré el bálsamo que alivie tu penar, sólo dame tiempo, dame la oportunidad de ser la hija que mereces y darte lo que te he prometido. Dame tiempo madre. Dame tiempo Dios, si es que existe, dame tiempo muerte. Dame tiempo, tiempo.
Q.E.P.D. V.R.S.
Día tres: Casquibana
No soy esa clase de mujer,
jamás me enseñaron a pedir perdón
mucho menos a pedir permiso.
No me visto de blanco,
no me río en silencio
ni me quedo callada.
Lucho por las causas pérdidas,
sufro de amores baratos
y pasiones de arrabal.
Me gustan los tacos de punta,
las medias de red
y los vestidos rojos entallados.
Sí, soy una pécora orgullosa
una promíscua consumada
una horonable casquibana,
y no es por falta de hombre, familia o dinero,
no me violó mi padre,
ni me fuí siguiendo hasta la desdicha
a algún amor sincero.
Me gusta el sabor a sal
de una piel morena encendida,
los montes de venus
son mis favoritos a escalar.
Sí, soy lo que soy porque quiero serlo,
no por destino o desgracia.
Te prometo amor eterno esta noche,
mañana no seras más que un recuerdo.
jamás me enseñaron a pedir perdón
mucho menos a pedir permiso.
No me visto de blanco,
no me río en silencio
ni me quedo callada.
Lucho por las causas pérdidas,
sufro de amores baratos
y pasiones de arrabal.
Me gustan los tacos de punta,
las medias de red
y los vestidos rojos entallados.
Sí, soy una pécora orgullosa
una promíscua consumada
una horonable casquibana,
y no es por falta de hombre, familia o dinero,
no me violó mi padre,
ni me fuí siguiendo hasta la desdicha
a algún amor sincero.
Me gusta el sabor a sal
de una piel morena encendida,
los montes de venus
son mis favoritos a escalar.
Sí, soy lo que soy porque quiero serlo,
no por destino o desgracia.
Te prometo amor eterno esta noche,
mañana no seras más que un recuerdo.
Día dos: Humo de cigarro
Primero que nada una disculpa, pues me he olvidado de postear acá los temas, pues estos se estan posteando también en un foro, pero pasó los que no he pasado.
Era la media noche, cuando sonó una campana a lo lejos, cerré los ojos imaginando que eras tu, escuché tus pasos acercandose, pude oirte tatarear esa canción que tanto odié por años. Afuera llovía como nunca, las ventenas dibujaban ríos, y me adormecía con el ruido de las gotas muriendo contra ellas.
Era la media noche, cuando una sombra se acercó hasta mi, cerré los ojos y me imaginé que eras tu metiendote bajo las sabanas, pude sentir tu calidez, pude oler tu piel fresca, ese olor que me volvía loca cuando salías de la ducha, casi pude ver en la oscuridad de mis ojos, ese perfecta sonrisa que anunciaba una noche pasional, recordé el sentir de tu piel frotandose contra la mía, te quise besar de nuevo, y mis labios sintieron los tuyos.
Era la media noche, cuando unos brazos me rodearon la cintura, cerré los ojos y me convencí de que eran los tuyos, fuertes, cálidos, amantes; me perdí en ellos, en ti, en el momento, recordando la última vez que me amaste, la última vez que te poseí, pude sentir tu sangre corriendo por tus venas bajo tu piel humeda y tibia, sentí tu erección apuntando a mi entrepierna, tus labios recorriendo mis pechos.
Era la media noche, cuando sentí un orgasmo explotar en mi interior, tan fuerte, tan doloroso, tan pasional como el último que me hiciste sentir antes de marcharte, cerré los ojos y me permití disfrutarlo, me permití olvidar que no eran tus pasos, tu sombra ni tus brazos, pues todo tu yacías bajo la tierra, tanto tiempo ya que de tu sonrisa y de tu aroma no quedaba más que el recuerdo.
Era la media noche, cuando sentí que mi corazón se detenía, como si una mano fría lo sustuviera; abrí los ojos y me di cuenta que eras tu, a un lado mío, sonriendome, con los ojos llenos de amor y dolor, con esa mirada de reencuentro y perdón.
Era la media noche cuando...
desvanecidos...
nos encontramos...
Era la media noche, cuando sonó una campana a lo lejos, cerré los ojos imaginando que eras tu, escuché tus pasos acercandose, pude oirte tatarear esa canción que tanto odié por años. Afuera llovía como nunca, las ventenas dibujaban ríos, y me adormecía con el ruido de las gotas muriendo contra ellas.
Era la media noche, cuando una sombra se acercó hasta mi, cerré los ojos y me imaginé que eras tu metiendote bajo las sabanas, pude sentir tu calidez, pude oler tu piel fresca, ese olor que me volvía loca cuando salías de la ducha, casi pude ver en la oscuridad de mis ojos, ese perfecta sonrisa que anunciaba una noche pasional, recordé el sentir de tu piel frotandose contra la mía, te quise besar de nuevo, y mis labios sintieron los tuyos.
Era la media noche, cuando unos brazos me rodearon la cintura, cerré los ojos y me convencí de que eran los tuyos, fuertes, cálidos, amantes; me perdí en ellos, en ti, en el momento, recordando la última vez que me amaste, la última vez que te poseí, pude sentir tu sangre corriendo por tus venas bajo tu piel humeda y tibia, sentí tu erección apuntando a mi entrepierna, tus labios recorriendo mis pechos.
Era la media noche, cuando sentí un orgasmo explotar en mi interior, tan fuerte, tan doloroso, tan pasional como el último que me hiciste sentir antes de marcharte, cerré los ojos y me permití disfrutarlo, me permití olvidar que no eran tus pasos, tu sombra ni tus brazos, pues todo tu yacías bajo la tierra, tanto tiempo ya que de tu sonrisa y de tu aroma no quedaba más que el recuerdo.
Era la media noche, cuando sentí que mi corazón se detenía, como si una mano fría lo sustuviera; abrí los ojos y me di cuenta que eras tu, a un lado mío, sonriendome, con los ojos llenos de amor y dolor, con esa mirada de reencuentro y perdón.
Era la media noche cuando...
desvanecidos...
nos encontramos...
7.29.2011
Día uno: Un grito desesperado.
Te he escuchado toda mi vida maldecir,
saber que vas a morir no debe ser fácil,
pero nunca terminas de morir, no entiendo.
He sabido desde niña que te irás,
pero siempre que regreso estas aquí,
aferrandote a la vida como si fuera maravillosa.
Cada noche al dormir he tenido miedo
de no ver tu flaco y demacrado rostro una vez más,
pero es tu voz aguardientosa maldiciendo
la que me despierta en las mañanas.
No comprendo, por Dios, que no lo entiendo,
según me dijo mi madre, estas pagando por tus errores de juventud,
excesos de vida, alcoho, mujeres y alguna que otra sustancia prohibida,
según me dijo la abuela, conociste muchos lugares,
tuviste mucho dinero,
viviste una gran vida.
No lo entiendo y no es justo,
te lo mereces,
el estar postrado en esa cama noche y día,
es tu castigo por vivir sin consecuencias aparentes,
No es justo, es mentira,
que lleves tantos años muriendote y no te mueres,
no comprendo, que alguien me explique,
porque tu sigues viviendo,
mientras tan derrepente está mañana...
yo he muerto.
saber que vas a morir no debe ser fácil,
pero nunca terminas de morir, no entiendo.
He sabido desde niña que te irás,
pero siempre que regreso estas aquí,
aferrandote a la vida como si fuera maravillosa.
Cada noche al dormir he tenido miedo
de no ver tu flaco y demacrado rostro una vez más,
pero es tu voz aguardientosa maldiciendo
la que me despierta en las mañanas.
No comprendo, por Dios, que no lo entiendo,
según me dijo mi madre, estas pagando por tus errores de juventud,
excesos de vida, alcoho, mujeres y alguna que otra sustancia prohibida,
según me dijo la abuela, conociste muchos lugares,
tuviste mucho dinero,
viviste una gran vida.
No lo entiendo y no es justo,
te lo mereces,
el estar postrado en esa cama noche y día,
es tu castigo por vivir sin consecuencias aparentes,
No es justo, es mentira,
que lleves tantos años muriendote y no te mueres,
no comprendo, que alguien me explique,
porque tu sigues viviendo,
mientras tan derrepente está mañana...
yo he muerto.
100 días, 100 poemas
A ver si sale, en cien días, cien poemas.
¿Algunos de mis pocos seguidores quisiera intentarlo?
Un buen ejercio para el cerebro, la mente y el alma.
¿Algunos de mis pocos seguidores quisiera intentarlo?
Un buen ejercio para el cerebro, la mente y el alma.
7.28.2011
Buenas noches.
Buenas noches mi botón-
Dijo ella, él no contestó,
en cambio cerró los ojos,
apretó los dientes
y espero a que ella durmiera
para darle un beso en la mejilla;
Buenas noches mi dedal-
pensó él y se marchó.
La luz entró por las ventana,
el sol iluminó sus ojos verdes
y su alma dió un vuelco
cuando se hayó sola en la cama;
Adiós mi hermoso tulipan-
lloró ella...
Si pudieras mirar conmigo el gran oceano, mi mandarina-
pensaba él mientras la brisa le helaba el corazón.
Y jamás la olvidó,
aún cuando sus ojos se apagaron,
aún cuando la muerte le pisó los pies en la carretera,
la pensó y la amo,
y por eso, una noche tibia la dejó.
El miedo lo paralizó,
no supo amarla, temió perderla,
y jamás comprendió que su amor murió con ella.
Dijo ella, él no contestó,
en cambio cerró los ojos,
apretó los dientes
y espero a que ella durmiera
para darle un beso en la mejilla;
Buenas noches mi dedal-
pensó él y se marchó.
La luz entró por las ventana,
el sol iluminó sus ojos verdes
y su alma dió un vuelco
cuando se hayó sola en la cama;
Adiós mi hermoso tulipan-
lloró ella...
Si pudieras mirar conmigo el gran oceano, mi mandarina-
pensaba él mientras la brisa le helaba el corazón.
Y jamás la olvidó,
aún cuando sus ojos se apagaron,
aún cuando la muerte le pisó los pies en la carretera,
la pensó y la amo,
y por eso, una noche tibia la dejó.
El miedo lo paralizó,
no supo amarla, temió perderla,
y jamás comprendió que su amor murió con ella.
7.08.2011
El colegio
El colegio para señoritas “Perfect Live”, era muy reconocido por sus egresadas: esposas perfectas y madres abnegadas, gracias a su sistema de valores que era inculcado en las niñas desde su primer día en el colegio. La directora era la Señorita Alonly Decenth, famosa por ser estricta en la enseñanza.
El primer día en el colegio era crucial para las niñas, si agradaban a la señorita Decenth no tendrían problemas durante su estancia, pero si notaba siquiera un brillo de rebeldía no cesaba hasta extinguirlo.
El “plan de estudios” era rígido, por la mañana las niñas tenían que levantarse muy temprano para asistir a misa, después a las ocho en punto estar en el comedor para el desayuno, a las ocho treinta su clase de lectura, a las nueve treinta: la clase de piano; a las once: su clase de lenguas extranjeras; a las doce treinta: de nuevo al comedor para un almuerzo ligero; a la una de la tarde: ciencias naturales, a la una treinta: la guía del hogar, a las tres a la capilla para orar media hora, a las tres treinta al comedor para la comida, después media hora de siesta, para después seguir con su clase de belleza; clase matemáticas, a las cinco con treinta su clase de deportes, tenis o natación según el día, seis treinta la hora del te, a las siete lectura de los clásicos, a las ocho la merienda a las ocho treinta la hora común en la sala y a las nueve se apagaban las luces.
Durante años este sistema había sido extremadamente exitoso, pues las mujeres que salían del colegio eran buenas esposas, excelentes madres y sobre todo, sabían como seguir ordenes, como llevar un horario rígido y no tenían tiempo para pensar en sus necesidades.
Los problemas más comunes eran algunas pequeñas algo perezosas o un poco sentimentales, pero nada que no se pudiera resolver con algo de mano fuerte.
Una mañana de verano una pareja llegó al colegio con su hija, una niña de once años. La pareja era nueva en la ciudad y deseaban que su hija estuviera en el mejor colegio. Cuando la señorita habló con ellos fue bastante directa. No acostumbraba a aceptar alumnas de esa edad debido a que ya han sido contaminadas por influencias externas, por eso el colegio solo recibía niñas entre los cuatro y los seis años de edad y en algunos casos de ocho, pero la pequeña ya estaba por cumplir los doce años y sería muy difícil de que se adaptara. Los padres de la pequeña insistieron y como eran de buena familia, la señorita Decenth aceptó.
La pequeña se llamaba Desyre, delgada, aunque la pubertad comenzaba a hacer lo suyo, de piel morena clara, cabello rojizo y ojos grises, una hermosa ninfula.
Al principio Desyre tuvo problemas para adaptarse, pero en verdad el colegio no era muy diferente de otros en los que había estado.
Pasaron cuatro años y Desyre se había convertido en la alumna modelo, la señorita Decenth se encargaba personalmente de las clases de piano de Desyre pues era excelente como su discípula.
Desyre por el contrario, hacía poco esfuerzo para agradar a las personas, debido a su gran belleza nadie hacia caso de su plática o de sus talentos, varios jóvenes buscaban ya tenerla como esposa, gracias a esos vestidos elegantes que usaba en las fiestas del colegio de fin de año, el único día en que los hombres entraban al colegio.
Todo era perfecto, la señorita Decenth estaba más tranquila que nunca, el colegio iba bien y eso la hacia feliz, pues a pesar de ser hermosa no tenía esposo o hijos, y nunca le faltaron propuestas matrimoniales, simplemente las rechazaba ni siquiera ella sabía porque.
Motivo del cumpleaños numero dieciséis de Desyre, se organizó una pequeña reunión en el colegio, como los padres de ella no estaban en la ciudad fueron sus padrinos de bautizo los invitados de honor. Los padrinos de Desyre eran importantes empresarios de la ciudad, una pareja algo pedante y falta de clase, pero muy divertidos.
Cuando llegaron al Colegio un joven estaba con ellos, era el sobrino de la madrina de Desyre que estaba estudiando en la ciudad y se quedaba con sus tíos.
Durante la noche el Joven miraba insistentemente a Desyre, y está como muchas ocasiones, sólo ignoraba al muchacho.
Después de un hora de guardar las apariencias y sonreir a gente que ni conocía, Desyre se sintió hastíada y decidió perderse en la gran mansión que servía de escuela, sin darse cuenta que una sombra la seguía a pocos pasos: el joven que iba con sus padrinos, quien le tapó la boca con una de sus manos y con la otra se dispuso a tocarla de pies a cabeza, estaba loco de la excitación. Desyre no sabia que hacer, no estaba asustada, ni excitada más bien tenía curiosidad de aquel muchacho y sus extrañas reacciones, mientras él estaba apunto de bajar el sierre de su pantalón una mano lo arrojó con fuerza hasta el otro lado de la habitación, era la señorita Decenth que se había percatado de la ausencia de los dos jóvenes; el chico al darse cuenta de la situación huyó del lugar gritando que había sido ella, gritando insultos y lloriqueando. La Srita. Decenth se sentía herida, su mejor alumna había hecho tal bajeza, estaba furiosa y no pudo más que soltarle una bofetada a la chiquilla con tal fuerza que la tiró al piso, quedando casi desnuda, pues el vestido que traía había resbalado al caer debido a que el muchacho se había encargado de desabotonarlo. Cuando Alonly tuvo frente así aquella celestial criatura, indefensa y lista para ser tomada sintió como sus sentidos eran estrujados todos al mismo tiempo, en ese momento se dio cuenta que lo que sentía por ella eran celos, celos de que estuviera con alguien más, ella era suya, sólo suya. Se sentó a un lado de ella en el piso y comenzó a acariciar con delicadeza a su pupila, primero las piernas, después el abdomen, sus hermosos pechos.
Desyre estaba bastante confundida, no sabía como reaccionar, y gracias a las caricias de Alonly comenzaba a sentir un hormigueo en la parte baja del estomago, algo que jamás había sentido. Alonly no sabia que hacía, por dentro sabía que no estaba bien pero no podía detenerse, no quería, lo deseaba y siempre lo había deseado.
Cuando sus labios se rozaron algo se rompió muy en el fondo de Alonly, algo que no podía ser reparado.
En ese momento tomo control de sí misma, levanto a la muchacha de un jalón y le ordenó que se marchara a su habitación, tenía que empacar de inmediato, su conducta era inadmisible.
Al otro día Desyre se fue del colegio para siempre, y la Señorita Decenth, lloró, lloró por perderla, lloró porque tenía miedo de volver a sentir lo que había sentido la noche anterior, pero más aún lloró por el miedo de no sentirlo jamás.
7.04.2011
Sangre
La sangre no tiene nombre,
no tiene rostro,
la sangre carga historias de amores rotos,
de injusticias, de hambres, de penas,
de olvidos y vacíos.
La sangre no tiene edad,
color o religión,
la sangre no es de uno o una,
la sangre es de todos la vida
que se cuela por la alcantarilla.
no tiene rostro,
la sangre carga historias de amores rotos,
de injusticias, de hambres, de penas,
de olvidos y vacíos.
La sangre no tiene edad,
color o religión,
la sangre no es de uno o una,
la sangre es de todos la vida
que se cuela por la alcantarilla.
Espera
Gotas que llegan al piso morir,
cuerdas que rompen la vida
al ser rozadas por tus llemas,
amores que vuelan con tu pensamiento,
olores que envuelven el mío.
Tierras lejanas que viven detrás de las montañas,
alas de nostalgía que quisiera poseer,
alma mía, refugio, abrazo, olvido.
Corazones rotos que se curan así mismo,
espejos que no mienten y que duelen, curvas y pérdidas.
Tiempo y silencio, la luz que se cuela por el tiempo que perdimos.
Amor mío, es tu cintura que me atrapa y me pierde.
¿Dónde están esos pasos que he seguido hasta aquí? Dolor mío.
Ideas que mueren, que surgen, se pierden, se funden con mi sexo.
Es el cielo el destino, son las nubes el camino, son tus ojos mi guía.
Amor, es la espera que me mata, es la necesidad lo que me mantiene con vida.
¡No!, no tengas ideas, deseos, destinos: sólo yo... sólo el mío.
cuerdas que rompen la vida
al ser rozadas por tus llemas,
amores que vuelan con tu pensamiento,
olores que envuelven el mío.
Tierras lejanas que viven detrás de las montañas,
alas de nostalgía que quisiera poseer,
alma mía, refugio, abrazo, olvido.
Corazones rotos que se curan así mismo,
espejos que no mienten y que duelen, curvas y pérdidas.
Tiempo y silencio, la luz que se cuela por el tiempo que perdimos.
Amor mío, es tu cintura que me atrapa y me pierde.
¿Dónde están esos pasos que he seguido hasta aquí? Dolor mío.
Ideas que mueren, que surgen, se pierden, se funden con mi sexo.
Es el cielo el destino, son las nubes el camino, son tus ojos mi guía.
Amor, es la espera que me mata, es la necesidad lo que me mantiene con vida.
¡No!, no tengas ideas, deseos, destinos: sólo yo... sólo el mío.
7.01.2011
Sudor Satín
¡Deja ya!
Levanta la mirada, deja de pedir perdón, deja de suplicar.
¡Basta ya!
Acercate a mi espalda y olvidate del tiempo.
¡Detente!
Deja de exhalar la vida a cada momento, acercate a mi pecho.
¡Es suficiente!
El dolor sólo es ilusión, debajo es placer y deseo. Tócame.
Dame la mano
Mete tus tres dedos debajo de mi falda, llevalos hasta mi alma.
Mírame
Ve como me pierdo en infinito de deseo, el calor me ha fundido el cerebro.
Tómame
Sostenme con tu cuerpo, dale vida a mis pechos, deja correr la vida en forma de semen y sudor.
Somos, está noche, animales irracionales, es tu olor lo que me detiene, olor a sudor, olor a mi.
Es tu piel, presa de la mía, son mis piernas las cadenas que te atan a esta cama.
Esta noche no hay más nada, está noche es toda mía, toda tuya, toda nuestra.
Es el rojo del satín de mi vestido, la sangre que derramo en cada empeño.
Son tus ojos negros el vacío en que me pierno.
Tus uñas rasgan mi interior, mi exterior, mis pechos, mi púbis, mi conciencia, mi deseo.
Bailemos sin descanso, que mis piés se fundan y se pierdan.
Dame tu mano, toma mi pecho, mi pierna, mis sentidos.
Me siento sucia, delirante, burda y me gusta.
Soy el boceto de un mal dibujo.
Acercate, ten mi cuerpo, sacía está necesidad, dame todo y más de ti, está noche eres mío, animal caliente, con tu sexo hinchado,
destrozame...
vente dentro.
Levanta la mirada, deja de pedir perdón, deja de suplicar.
¡Basta ya!
Acercate a mi espalda y olvidate del tiempo.
¡Detente!
Deja de exhalar la vida a cada momento, acercate a mi pecho.
¡Es suficiente!
El dolor sólo es ilusión, debajo es placer y deseo. Tócame.
Dame la mano
Mete tus tres dedos debajo de mi falda, llevalos hasta mi alma.
Mírame
Ve como me pierdo en infinito de deseo, el calor me ha fundido el cerebro.
Tómame
Sostenme con tu cuerpo, dale vida a mis pechos, deja correr la vida en forma de semen y sudor.
Somos, está noche, animales irracionales, es tu olor lo que me detiene, olor a sudor, olor a mi.
Es tu piel, presa de la mía, son mis piernas las cadenas que te atan a esta cama.
Esta noche no hay más nada, está noche es toda mía, toda tuya, toda nuestra.
Es el rojo del satín de mi vestido, la sangre que derramo en cada empeño.
Son tus ojos negros el vacío en que me pierno.
Tus uñas rasgan mi interior, mi exterior, mis pechos, mi púbis, mi conciencia, mi deseo.
Bailemos sin descanso, que mis piés se fundan y se pierdan.
Dame tu mano, toma mi pecho, mi pierna, mis sentidos.
Me siento sucia, delirante, burda y me gusta.
Soy el boceto de un mal dibujo.
Acercate, ten mi cuerpo, sacía está necesidad, dame todo y más de ti, está noche eres mío, animal caliente, con tu sexo hinchado,
destrozame...
vente dentro.
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