12.18.2011

Llanto de Perlas

Y si te dijera, con palabras de azul marino, que la noche es muy larga para dejar de pensarte un segundo, muy oscura para perderme en tu imagen por un pestañeo, muy fría para no abrazarme de los latidos de tu pena; pero no creas que te lo digo, tan sólo pregunto, ¿qué pasaría si te lo dijera?, ¿darías acaso un grito ahogado, un suspiro guardado o un llanto de perlas? ¿Y si te lo dijera?

    Me quedaría mudo ante esos azules, me diluiría en esa oscuridad inmensa de la noche de pena como viento que soy, como hoja sin rumbo que nunca está por mucho tiempo en el suelo... imaginario, siempre imaginario es mi caminar por la vida de los demás, no estoy, no existo, soy producto de tu vaporosa imaginación.

 Una imagen basta, tan sólo una imagen, para encender las sombras del tiempo, no importa el engaño, no importa el recuerdo, tan sólo una imagen impresa en mi piel de aquellos que miran, tus ojos oscuros, serenos y tristes, tan sólo una imagen: verdad o mentira, presencia o ausencia, tu vida y la mía.

Dios

Dime ¿Por qué Dios, por qué no existes?
¿A quién he de culpar de mis errores?
¿A quién maldeciré por mi destino ya escrito?
dime ¿A quién pediré que apacigüe mi sufrir?
En noches como ésta, Dios, quisiera soñar contigo,
poder hablarte al oído y llorarte mis penas,
poder reclamarte que me hayas creado,
pensar que me vienes debiendo alegrías.
Pensar, mi querido Jesús,
que todo es mentira,
que bastara tan sólo orar
para que vengas a mi.
Mi Dios pansexual,
¿Por qué he de pagar por tu diversión?
¿A qué juegas con los pobres mortales?
¿Te divierte tu juego macabro?
Niño sádico, puberto bipolar,
no eres más que el amigo imaginario de los adultos.
Respóndeme Dios, te exijo,
¿Por qué he de cre(a)rte si me has olvidado?

Mientras tanto.

El amor de las sombras resuena dentro del vacío.
¿Amor, por qué me has olvidado?
¿Por qué tu calor se extinguió dejándome helado el pensamiento?
El lado oscuro del miedo se hace presente.
La esperanza de la muerte resplandece.
Está noche estas lejos
y por dentro el hielo arde y quema.
¿Amor, por qué después de tres veces has negado mi nombre?
El sol sólo existe en el imaginario del mundo,
no hay luz que guíe tu existir
y en el camino de la muerte te has perdido.
¿Amor, por qué te has postrado en el altar?
Si nadie cree ya en absolutos, si la fe es policroma.
Y en el espejo no hay imagen que nos muestre
que este mundo se perdió,
el sonido y el silencio no hacen nada,
y ahora todo está en calma,
en una paz mortuoria que inunda el momento
y embriaga los sentidos,
mientras las luces mortecinas
tintinean y se apagan, mientras gritan
las inocencias de la vida.
¿Amor, por qué me dejas sola en el final?
Mientras el suelo se abre,
y me traga la agonía,
mientras todos callamos
y aceptamos el destino
que no hemos comprendido.
Mientras los nuevos ciudadanos,
complejos de acero, humo y ladrillo,
toman su lugar en la superficie
donde no queda que gobernar.
Hemos llegado al centro de la tierra,
hemos drenado los desiertos
y los mares han llorado por la vida que perdieron,
ya no hay destino, ni ojo divino,
no queda más que el oro y la plata.
¿Por qué, amor mío, no podemos vivir en paz?

8.23.2011

Día veintidos: Martina

"Martina, así como una noche fresca de verano, así vino y se fue, dejándome un hueco más grande, un dolor más profundo y un poco más muerta...

Violetas sobre mi tumba."

Día veintiuno: Untitled

Me vestí de estrellas para alejar la soledad de tu cielo,
me pinté de noche para darle cabida a tu pena,
me perfumé con aires invernales para secar tus lagrimas.

Esperé de ti fuerza y valor,
pasión y calor,
compañia y compasión,
ilusión y esperanza.

Pero eres ciego a mi,
tu pena es demasiado grande,
demasiadas incognitas habitan ya
dentro de ti.

No serás tu
quien de paz a mi tormenta,
no vendrás a decir adiós
al astro rey y la madre luna
desde mi ventana,
no son tu brazos mi refugio,
no soy para ti,
no eres para mi.
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Día veinte: Grita

Me quema, todo esto me quema muy dentro, no me importa si entiendes, yo misma no entiendo, comienza en la boca del estómago y sube hasta mi pecho y arde, no me importa si suena bien, se abre paso en mi garganta y grita, no me importa si esto es bueno, pero el grito se ahoga de nuevo y sigue subiendo hasta llegar a mis ojos dónde, de nuevo, no encuentra salida, no me importa que me juzgues, y llega hasta mi cerebro dónde me paraliza, dónde el grito aturde mi cerebro.
No, nada me importa, tu que lees y no me conoces y no sabes del hueco que me devora, que hace hilachos mis entrañas, simplemente no me interesa si crees que soy buena o mala, sólo sé que estoy harta de amarlo sin que lo sepa, de que, sea quien sea, siempre es el mismo.
Duele, todo duele y la soledad pesa esta noche, ya no puedo.

Día diecinueve: Sofia

Esa que por el mundo va, juzgando a dispares y señalando a bicolores,
esa que se piensa sana, pulcra y correcta, que tiene miedo, que no piensa
más allá de lo que se le pide, que sueña aún con margaritas y princesas,
es que piensa que cast y pura porque cierra los ojos ante las desgracias ajenas,
esa mujer que aún se cree niña, sabe que por dentro el fuego le quema,
que sueña con hombre, mujer y quimera, que está en espera de tan sólo una chispa, para acabar de incendio la vida, es ella, te digo, la que ahora me niega el deseo, la que piensa que no veo detrás de sus reproches y juicios,
no se da cuenta que a nadie engaña más que a ella, pues es por todos bien sabido,
que ella desea todo lo que le es prohibido.

Día dieciocho: Sueño

Cada mañana abro los ojos y apago mi mente,

el tiempo se detiene tan solo unos segundos y todo está en paz,

pero el momento termina y de golpe mi corazón late de nuevo.

Cada día peleo con el deseo de la contemplación,

el no a la participación retumba en mi hueca cabeza.



Cada madrugada, prendo la radio, escucho un buen Jazz,

me tiro en la cama e intento dormir,

pasan las horas y siento el calor invadiendo mis sentidos,

despierto molesta y prendo el ventilador,

me quedo mirando durante horas su hipnotizante movimiento,

me pierdo en el girar de las aspas, el Jazz pierde sentido

y de pronto son solo notas al azar, sin ritmo ni armonía,

me pregunto si será mi imaginación

o en verdad la música se descompone

en ruiditos casi imperceptibles y ajenos.



Estoy cansada, sólo quiero dormir,

apagar el cerebro para siempre y ser feliz.

8.15.2011

Día diecisiete: Miel a cucharadas

Porque duele, pero antes da las mieles,
porque la soledad termina por cansar,
porque es inevitable,
porque de dos en dos las cosas pesan menos,
porque la ilusión ilumina el corazón,
porque es mejor morir por alguien,
porque es estúpido,
porque no cuesta,
porque cuesta más que muchas cosas,
porque duele,
porque llena de sentido,
porque es estúpido,
porque se me antoja,
porque se te antoja,
porque está noche siento floto en el aire
y nada más me importa,
porque sí,
está noche te quiero amar.

Día dieciséis: Posesión

Los caminos de la tierra están sellados,
grandes bestias resguardan las entradas y salidas de está gran urbe,
los penantes deambulan por las calles en silencio,
las sombras fúnebres acechan en cada esquina,
ya no queda rayo de luz que de esperanza a los neonatos,
El júbilo y regocijo no es más que un recuerdo lejano,
Ojos onmipresentes vigilan las escuelas,
cada ciudadno es un enfermo terminal de la desesperanza,
El miedo es la pedagogía institucional de está nueva Sion,
torres de Babel escurecen los cielos,
hemos conseguido lo que siempre deseamos,
progreso, tecnología, ciencia, maquinas,
el cuerpo, lo humano, el sentir ha quedado atrás,
somos presas del futuro que construimos en el pasado.

Día quince: Nada

Hoy me ha ganado el cansancio,
el cerebro me pesa,
el cuerpo me duele.
Hoy no hay coherencia en mis letras,
no entiendo lo que digo,
no sé lo que siento,
no hay rima ni verso.
Hoy no es domingo y aún así,
hoy no me doy cuerda.

  Astronauta (Canción infantil)     Estrofa 1 Por el cielo, voy a volar, a volar entre estrellas, quiero viajar, quiero viajar. La luna bril...